Paco, Paquito

Tengo la maldita suerte de acordarme de tipos como tú en momentos como éste, en el que vienes que ni pintado por cierto. Estaba intentando recordar a algún gilipollas que mereciera el honor de aparecer aquí y ¡plash!, apareces tú, el bufón del instituto, como en los mejores tiempos, con tus pantaloncitos vaqueros de un azul claro, camisa vaquera a juego con los anteriores y pañuelo rojo atado al cuello para hacer contraste con tu cara de subnormal.

No voy a exponer aquí la razón que nos une porque no es competencia más que tuya y mía, quizá de alguna tercera persona que ha tenido la delicadeza de desaparecer de mi vida, pero si que diré, o más bien anunciaré, que si hay alguien a quien le falte alguna pieza en la cabeza, le bailen algunos circuitos y le guste armar bronca además de romper huesos, que contacte conmigo o me mande un email, porque sé dónde vives, y así me quito el mal trago de verte la cara de nuevo, que hay que joderse. Pero no nos pongamos sentimentales hombre, no se te vayan a saltar las lágrimas y se convierta esto en un velatorio, aunque bien pudiera ser el tuyo, ¿no crees?.

No te lo tomes a mal, que no hay mala intención en ello. Además, que sepas que mi dolor es el tuyo, que mientras eres un amago de pianista reconvertido a tunero (sin faltar a los tuneros del buen hacer cuya única misión es enamorar jóvenes parejitas), yo me parto el pecho agarrándome a lo que sea para no acabar en el suelo muerto de risa.

En fin, que espero que alguien se apiade de tu alma.

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