A-dios Hijo de Puta

Resulta que hay un Hijo de Puta con mayúsculas que se dedica a destrozar vidas, o mejor dicho, primero las crea para luego jugar con ellas a su propio antojo. Pues como decía, este Hijo de Puta debe contar con todo un casino en sus posesiones, una ruleta en la que en vez de números hay catástrofes, en vez de las jugadas “pase”, “manque”, “rojo”, “negro” y demás, una colección de enfermedades y dolencias de todo tipo. Supongo que tendrá también un Bingo, con el que en vez de cantar “LÍNEA” gracias a unas bolitas amarillas con numeritos, se cante “MUERTO” según el número de infartos que haya tenido la pobre representación de la malvada bolita amarilla, claro. Juega con nosotros como nosotros jugamos al Póquer, a la ruleta, a las tragaperras o al Bingo. Macabramente podría sacarme más símiles de la manga con juegos como “El Ahorcado”, “Buscaminas”, “Solitario”, “Hundir la Flota”, etc. Supongo que no seré el único desengañado, pero aún hay muchos a los que la Fe les ciega, millones de personas en el mundo que le defienden mientras el muy Hijo de Puta juega con nosotros.

Y es que un buen día, un cabeza de familia iba con su retoño, hecho ya un hombre, a comprar el pan y le alojaron dos balas en el cráneo delante de su hijo. O unos cuantos millares de personas tropezaron con un grupo de esquizofrénicos que decidieron estrellar unos cuantos aviones en los que iban contra dos rascacielos abarrotados de oficinas llenas de directivos, presidentes, presidentes adjuntos, coordinadores generales, gerentes, administrativos, secretarias, seniors, juniors, señoras de la limpieza, diseñadores, programadores, seguratas, repartidores, mensajeros, estilistas, representantes, becarios y demás empleados. O en según qué zonas, las mujeres dan a luz ocho o diez niños para intentar que alguno tenga la suerte de sobrevivir y pasar a Melilla… Como iba diciendo, un buen día, un hombre cercano a los sesenta, casado y con dos hijos, una buena persona que se había dedicado desde los catorce a trabajar para después poder sacar su familia adelante, sin meterse nunca con nadie, montando en bicicleta un sábado, como cualquier otro sábado desde hacía cuarenta años, tiene la mala suerte de cruzar una zona de grava en el arcén y abrirse la cabeza, encontrándose actualmente con un pie en el otro barrio y el otro en una silla de ruedas rodeado de enfermeros que le hagan incluso la digestión hasta sus restos. Pero todo tiene su lado positivo, podrían haber matado también el hijo en el primer caso, hay que dar gracias a Dios por ello, como hay que dar gracias a Dios porque aquel 11 de septiembre no hubieran 90.000 personas en las Torres Gemelas, o sólo unos cuantos milloncejos de personas mueran de hambre u otras enfermedades al año, o mi padre se quede vegetal en vez de haber esparcido el resto de sus sesos por el asfalto y haberla diñado en medio de la carretera. ¿He de dar gracias a Dios?

Sólo me queda una última pregunta: esos que le defienden, ¿son tan hijos de puta como Él o son meros corderillos en manos de Dios? Lo mejor sería que ese al que llaman Dios mire al menos para otro lado que no sea el mío.

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