Una triste melodía

Quisiera ser esa guitarra sólida y contundente,
y que las de mi garganta no fueran esas cuerdas que se estremecen.
Quisiera que mis lágrimas no cayeran al suelo, en un mar de silencio,
sino que flotaran en el aire y pudieran ser oídas.

Quisiera ser esas baquetas tan humildes como poderosas,
golpear con violencia la tristeza que desde entonces me tiene preso,
sacudir el mundo entero si fuera necesario para que cayeras en mis brazos
y recuperar así el corazón que me fue robado.

Quisiera ser ese violín que envidio con todo mi alma,
poder enamorarte con el silbido ahora callado en el nudo de mi pescuezo,
romper las cuerdas que estrangulan y encadenan de cuello y manos
y besarte con las yemas de mis dedos haciendo vibrar tu piel.

Quisiera dejar de ser ese saxo en el que me convertí,
callar sus quejidos en la soledad eterna de mi noche, fría y oscura.
Quisiera recuperar aquella alegre melodía que un día unió nuestros labios
y así poder cambiar el título de esta triste poesía.

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