Seis sietes como siete muescas

Tengo seis sietes en el corazón
como siete muescas mi revolver,
y dos balas en el tambor
que descargaré en colofón.

Una guitarra y un acordeón
suenan tras de mi en rededor,
pero una bala más echo en falta
para vengar el último jirón.

Sentado al piano de negro color,
martilleo esas mismas teclas
que tras una larga noche
nos vieron hacer el amor.

La luna esta noche caer pueda.
Separados por nuestra sangre,
¿por qué no puedo ser tu amante
y no quien de hambre muera…?

Seis veces malherido por tu amor,
con la última cicatriz sangrando
y rezumando dolor todavía,
echo de menos tu cuerpo y su calor.

Suena ya la última canción,
mis ojos quedaron secos,
el frío los congeló.
Poco queda para la sinrazón.

La muchedumbre enmudeció,
un trueno partió la fiesta
y un quejido ahogado y seco
de una garganta se desgarró.

Fulminado al suelo cayó
aquel que te pretendía,
cuando el último beso te robaba
una bala el pecho le atravesó.

Hacia mí corren ya sus hombres,
el gentío el paso les abre,
lamento todo tu dolor,
mejor será que se acabe.

Un segundo trueno retumbó,
vacío quedó el tambor del revolver
y en el suelo junto al piano yace
aquel hombre que siempre te amó.

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