Lucha de gigantes

Carlos la mira de reojo. Carmen está detrás de las cortinas, preparando unas tortillas de patatas, lleva el pelo recogido con un moño. Al otro lado de la barra 14 mesas están a reventar y Virgilio, sentado como cada mediodía en su taburete, apura su pincho y su vermú.

–Macarrones con tomate, dos lentejas, patatas guisadas, un pollo y un lenguado–. Carmen se apresura a servir los platos. Carlos se asoma, extiende las manos y observa su cuello desnudo con un mechón de pelo rizándose tras la nuca. A Carlos le encanta ese cuello, un bonito cuello, un cuello blanco y delicado como la nieve, un cuello para cerrar los ojos y comérselo a bocados. Por un momento se queda perdido en él, deleitándose en su fina piel, hasta que Carmen se da la vuelta y le mete prisa, –vamos, lleva esto–, le dice.

Carlos sale de la barra y Carmen le ve alejarse con un gracioso andar que provoca una sonrisa en su boca. Carlos no es mucha cosa, un tipo corriente, delgado y no muy alto, su frente empieza a despejarse y en su pelo hace tiempo que asoman ya algunas canas, tiene los ojos tristes como la del perro del anuncio y una sonrisa que contradice su mirada, su cara es una ironía por la que gusta de pasear sus dedos, antes de dormir, con el beso de buenas noches.

Ha pasado el tiempo desde que compartían pupitre, en un maltrecho instituto público de Vallecas, pero aún tienen ese brillo en los ojos cuando se cruzan sus miradas, ese brillo producto del cosquilleo que sale de la misma boca del estómago, después de veinte años peleando con la vida, la perra vida, como David contra Goliat, y lucha de gigantes es su banda sonora, la banda sonora de sus vidas, la canción que le envalentonó a Carlos para romper la distancia, cuando aún eran unos críos y estaban en un concierto de un tal Antonio Vega, para acercarse a ella lo suficiente y besarla detrás de la oreja después de susurrarle que la amaba. Veinte duros años peleando contracorriente, un juego salvaje en un mundo descomunal, y lo único que tiene seguro es que quiere seguir amaneciendo con ella otros cien.

Carmen y Carlos tienen un bar, no es gran cosa, sus vidas tampoco son gran cosa, entre albañiles, maquinistas, repartidores y curritos del polígono industrial. Quisieran tener su primer hijo pronto e irse a la playa en verano, si consiguen cerrar bien los meses que quedan hasta agosto quizá puedan hacerlo, darse una semana en Torrevieja para ellos solos y disfrutar un poquito como cuando eran esos críos que escuchaban a Nacha Pop por los bares de Madrid.

Anuncios

2 comentarios en “Lucha de gigantes

  1. guadalupe dijo:

    YA TE DIJE QUE HAY UNA PARTE DE ESTO QUE HAS ESCRITO QUE ME RECUERDA MUCHO A UN TEMA DE MECANO… AMI, ME GUSTA CÓMO ESCRIBES Y LO QUE ESCRIBES…
    POR CIERTO, SABES DONDE QUEDA TORREVIEJA?? JAJAJAJA!!
     
    LO DE CONTARNOS LAS VACACIONES TOMANDO UNA PIÑA COLADA ESTÁ HECHO… YA TENGO MONO DE UNA DE ÉSAS!!
    PASALO EN GRANDE Y NOS VEMOS PRONTO!!
    UN BESOTE AMIGOOOOOO!!!

  2. carmen dijo:

    hola wapisimo decirte que gracias por el finde que nos habeis hecho pasar y espeo que se repitan y que volvais a navafria mas a menudo no solo en fiestas, que os haya gustado como os hemos tratdo y que lo hayais pasadomuy bien,porquue yo en concreto me lo he pasado gennial con todos vosotros. A ver si lo de las vacaciones se puede llevar  a cabo
     un besote enorme y NO CAMBIEEES.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s