Dave, dos veces casado

Cuando has estado casado y te han jodido todo se ve distinto, tu cara de estúpida felicidad dejó de sonreír pero sigue siendo estúpida. La vida, tu vida, Dave, vale menos que los zapatos que calzas y aún así sigues llorando su pérdida… Ella se fue, te dejó hace muchos años y cada día que pasa tachas un número más en el calendario de tu cabeza. Tienes su dirección y su teléfono pero no sabes nada de ella desde entonces, porque cuando empezabas a marcar su número o llegabas a su calle te echabas siempre para atrás. Es una suerte que no hayas tenido críos con ella, ahora tendrían otro padre que probablemente sería mejor padre y aún mejor amante; y tú, Dave, estarías manteniéndoles a sus diminutas espaldas. Bebes desde que llegas de la oficina hasta que caes inconsciente en el sofá, un día tras otro, y te arrastras después hasta la cama deseando que mientras duermes algún mal diablo se lleve tu alma.

Rara es la noche que consigues cerrar los ojos un par de horas seguidas, pero al final siempre te despierta el mismo pitido del reloj de la mesilla y vuelves a empezar. Hablas con cien personas, doscientas veces al día y todas sus voces te parecen la del inerte monólogo del contestador de tu teléfono cuando lo descuelgas al llegar a casa, con la copa ya en la mano, deseando que sea Ella, y sin embargo el aparato te dice que no tienes ningún maldito mensaje. Quisiste dejar de fumar, Dave… Ahora te los comes de dos en dos y sólo te saben a humo y miseria. Ni siquiera el puto tabaco es lo mismo, como tampoco lo es el whisky de oferta, los trajes de saldo, la comida que ahora tomas enlatada o las mujeres con las que te acuestas. Mujeres con agujeros anónimos llenos de vacío y desesperanza que se abren en tu cama, esperando que las engañes un poco y las susurres cosas bonitas que sabes que nunca volverás a decir.

La vida no está hecha para tipos como tú, Dave, que fracasaron ya al nacer. Lo sabías ya en la escuela, cuando apenas tenías uso de razón, y lo sabes ahora. Eres carne de listas de la Seguridad Social, eres un número esperando en los pasillos a ser llamado, un miope con las gafas rotas, un perro sin hueso, un cayuco a la deriva, un tren de medianoche con destino a ninguna parte. Dave, te has convertido en un autómata, en una marioneta cuyos hilos te ahogan desde siempre, como nunca. Pero Dave, los dos sabemos que eso no es suficiente para acabar con un desgraciado como tú. Ahora estás casado con el whisky, y mientras la tengas siempre habrá alguna esperanza, por mínima que sea…

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