Intensamente saxo

Y te sigo soñando, muerto, borracho o dormido, besándote con cada trago de mi copa, saboreándote a cada sorbo, consumiéndote a finas caladas. Ahí estas, mirándome de soslayo desde el fondo del vaso, con el pelo suelto. Y te sonrío de lado, acariciando tu cuello, por debajo de la oreja, detrás del cristal, humedecidos los labios, los míos, los tuyos, y te vuelvo a besar. Te saboreo de nuevo y rezo a dios por que mi copa no se termine nunca y te vayas al fondo de mi estómago, donde se almacenan todas las miserias, vaciándome los restos. Escucha… ¿no oyes el saxo, nena? Es nuestra canción, la misma que sonaba en la radio la noche que descubrí tus piernas en este mismo bar, la misma que me invitaste a subir y me abrazaste con ellas, la misma que conté tus lunares, leyendo tu piel con las yemas de mis dedos y quise comérmelos, confundido, creyendo que eran pepitas del más puro de los chocolates… y te enciendes un cigarro, me lo pasas, y creo que son tus labios los que tengo en mi boca, siento tu carmín en mis pulmones y exhalo el humo lentamente para besarte de nuevo, bebiendo de tu copa, haciéndome cosquillas con tus pestañas, corriéndote por mis venas, soñándote despierto, abrazándote dormida, sintiéndote borracho después de muerto.

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