Resulta evidente

A veces el cielo te engaña, crees ver cosas que no son y sin embargo está todo en tu cabeza. Coges el autobús y te pasas la calle donde querías bajarte, y cuando te apeas y echas a andar sobre tus pasos, entre la gente, sientes que te miran, que saben que esa no era tu parada, que tu disimulo resulta evidente y distraes tu atención con los escaparates de artefactos inertes.

A menudo eres tú quien se engaña, y quieres creer que fue lo que tenía que ser, que el viento soplaba a tu favor, y sin embargo cuando pasas la mano por tu pelo ha sido él quien te ha despeinado. Buscas en la memoria razones para cubrirte las espaldas y sólo hayas humo que se desvanece con esas palabras que retumban en tu cabeza, las mismas que parchean tu quejumbroso corazón.

A veces el cielo te engaña, y crees verlo de otro color, pero de pronto descubres que no te quitaste las gafas de sol. EL cielo es el mismo, la gente es la misma, la misma masa desconocida que ignora tu presencia, que ha borrado las huellas de ese autobús que te dejó en la siguiente parada de la que querías bajarte, y por más que intentes volver jamás lo lograrás, porque no sabes el camino, porque las migas de pan se las comieron otros pájaros, y el día se apaga porque llega la noche, y tu última luz se fue con el atardecer de ese cielo que creías distinto. Resulta evidente…

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