Una limosna

Mendigo los besos en copas vacías sedientas de carne
que arrastran el sueño de cientos de noches en vela
sin el abrigo de las sábanas de tus huesos.

Amanezco perdido sin el laberinto de tus curvas
escuchando los pájaros que aúllan a la Luna anunciando tu ida
sin billete de vuelta a tu lugar de partida.

Dormito en cajeros de bancos con cuentas sin saldo que pago a plazos,
con el aval de mis zapatos desgastados de salir a buscar tu mirada perdida
en la reducida inmensidad de la que fue nuestra habitación,
el precio de tu ausencia.

Te hago de menos saboreándote a sorbos en copas de más,
con lentas caladas del humo de tu recuerdo,
cansado y afónico de gritarte al oído que volvieran tus ojos a cruzarse con los míos.

Pongo en remojo las lágrimas que no lloro al aliento de las palabras
que escupían tus labios al amanecer del fin de mis días
en los que deseaba arrugar el tiempo que dejó de ser nuestro.

Malvivo muerto y sordo por el silencio de ver la vida pasar frente a mis ojos cegados
por dormir despierto las pesadillas que un día fueron nuestros sueños
hoy velados por el recuerdo de las sábanas que cubrieron nuestros besos y ahora mendigo.

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