Mami quiero ser artista

Era sábado, llevaba todo el día de cervezas y no tenía muchas ganas de irme a casa cuando Rod me ofreció asistir a una fiesta privada. Compramos algo de whisky y más cervezas y allí que fuimos. Aquello no parecía gran cosa, gente sentada tomando algo y un par de chicas guapas. La anfitriona sacó algo de comer, salchichas y brochetas. Afuera había una amplia terraza donde sentarse a gusto y echar un trago pero estaba lloviendo. Cada vez había más comida y más cerveza. Probé el vino. Todos tenían con quien hablar, hasta yo tenía con quien hablar. Me vi rodeado defendiendo el mundo del toreo contra una naturista uruguaya, un tipo que parecía ser su hijo y la novia de este. Sólo una vez en mi vida fui a una corrida de toros y no entendí nada, no sé una mierda de toros, pero no comprendo que haya gente que lo critique y esté en contra de eso que llaman matanza cuando comen huevos y carne de gallinas, cerdos y vacas criados en naves masificadas alimentándose de piensos químicos y anabolizantes sin más vida que la de los barrotes que los rodean. Conseguí que la naturista uruguaya entendiera el mundo del toreo.

Después de eso me pasé al whisky, me senté y, sin quererlo, me vi metido en una conversación entre intelectuales y artistas. La primera era intelectual, cantautora y supuesta novia del hijo de la naturista, llamémosla Uruguay. La segunda era artista, maquilladora profesional en particular y artista aficionada en general, todo un alma creativa, a ella la voy a llamar Mariposa Sonriente. Ellas comían helado de fresas con yogur mientras yo bebía de una botella de J&B que gracias a dios se me había ocurrido llevar. Uruguay, pese a tener novio, tenía aspecto de lesbiana y no parecía incómoda con mi presencia. Uruguay estaba de gira por España e iba a dar unos cuantos conciertos en distintas ciudades. Parecía una mujer de mundo y eso la hacía algo interesante. Mariposa Sonriente decía sentirse artista, pintaba en sus ratos libres y quería irse durante un año a Roma para hacer un curso de escultura. Mariposa Sonriente tenía dos grandes hoyuelos en sus mejillas y su boca no dejaba de sonreír, era todo sonrisas y tetas, era alta y guapa y llevaba un gran escote, era feliz y se le veía en la cara, se lo podías leer de los labios, no paraba de hablar y todo lo que contaba era empalagosamente maravilloso, en su círculo de amistades todos eran artistas vocacionales, escritores, pintores, músicos y cocineros y todos creaban, todos ganaban premios y todos se masturbaban con guantes de seda. Mariposa Sonriente había monopolizado la conversación en torno a sus procesos creativos y a la media hora yo ya había desconectado y me concentraba únicamente en la abertura de su blusa. Eran unas tetas perfectas, generosamente grandes, redondas, juntas y duras.

Había más gente con nosotros, gente que no conocía de nada, y luego estaban la chica que organizaba la fiesta y Rod, que me fue quien me llevó allí. Mariposa Sonriente seguía hablando de sus cosas, del maquillaje, de la escultura, de la pintura y de su novio, yo seguía con lo mío. Entonces me sacaron de mi letargo haciendo una de las peores preguntas que me pueden hacer, Uruguay quería saber a qué me dedicaba. Quise decirles a todos que "contemplar las tetas de Mariposa Sonriente e imaginármela desnuda sobre mi cama" y me dibujé sus caras un segundo después en mi cabeza y me vi saliendo de aquella casa con todas las miradas clavándose en mi nuca. Podía haber dado cientos de respuestas, como proxeneta, catador de pastas dentífricas, sexador de pollos, mecánico agrícola, controlador aéreo, donante de órganos o empacador de aceitunas preñás, pero la boca me pierde.

Yo: Trabajo en publicidad, soy diseñador gráfico.
Mariposa Sonriente: Anda, que guay, para eso hace fata ser muy creativo, muy original y tener mucha imaginación.
Yo: Sí, bueno… supongo.
Uruguay: ¿Y qué haces exactamente?
Yo: Pues… campañas de publicidad, imagen corporativa… esas cosas.
Mariposa Sonriente: Oh, tiene que ser muy bonito…
Yo: En realidad es una mierda, cuando empecé me gustaba, ahora sólo espero cobrar la nómina a final de mes. Al final es un trabajo como otro cualquiera.
Rod: Pues también escribe, es un artista.
Mariposa Sonriente: ¿Y que escribes?
Yo: Nada serio, sólo relatos cortos, lo de artista se me queda demasiado grande.
Mariposa Sonriente: Mi hermano ha hecho un curso sobre como escribir novelas, donde te dan las claves para escribir un cuento, usar las palabras adecuadas y no repetirlas… escribe muy bien.

Silencio. Pensé en cómo se le puede enseñar a alguien cómo expresarse.

Mariposa Sonriente: ¿Y no te has presentado a algún concurso?
Yo: bueno, es sólo una afición, no creo que a ningún jurado le interesen mis historias, no ganaría nada, hay mucho escritor frustrado, yo entre ellos.

Y Mariposa Sonriente, después de otro breve silencio, continuó con sus experiencias creativas felices dado que yo no daba mucho más juego. Luego habló del campo, de la casa que se estaban haciendo ella y su novio, de lo mucho que se querían y cómo se conocieron y todos le prestaban especial atención, sonriendo encantadores, infectados por esa felicidad empalagosa que Mariposa Sonriente contagiaba. Yo seguía sirviéndome copas, yendo de vez en cuando a la cocina a por hielos y pensando como serían esas tetas al natural, sin sostén, moviéndose de arriba abajo, de un lado a otro, chocando entre sí, esa era realmente su única aportación al arte que pudiera interesarme. Entonces entendí que había dos tipos de arte, el de las personas felices por naturaleza que "crean" mierdas bonitas y empalagosas y pretenden hacer del mundo un lugar maravilloso y acabar con el hambre, el sida y la tuberculosis, y el arte que sale de las entrañas, el que huele a sudor y a comida recalentada y a vino, el que a un tipo se le escapa por los poros cuando necesita echar fuera toda la mierda que tiene dentro. Luego, ya en otro nivel, están los locos, los que fuman manzanilla, los que comen hamburguesas de soja porque creen que los cerdos y las vacas están en la misma escala evolutiva que el ser humano y lo considerarían canibalismo, los que adoran al diablo y tienen el apartamento lleno de velas y crucifijos dados la vuelta y practican el sexo con animales, mermelada mediante, y son adictos a los ansiolíticos, que también tienen su arte. El primero jamás conseguirá llamar mi atención, el segundo tiene mi bendición y en el tercero no me meto, no me gusta opinar de lo que se me escapa.

Hasta la fecha he conocido ya unas cuantas personas que hacen sus pinitos, algunos poetas, unos pocos cantautores y algún pintor. Todos ellos en algún momento insistieron en que conociera algo de su obra. Generalmente todo aquel que empieza con estas cosas y se cree bueno, porque todos los que empiezan en esto se lo creen autoproclamándose artistas, te intenta vender su mierda para que le digas que es una mierda maravillosa. Salvo el pintor todos los demás me parecieron basura, incapaces de despertar en mi ningún tipo de interés. Carentes de personalidad y pasión, su mierda no había salido de sus tripas, había salido de un bolígrafo Byc, la mayoría de ellos eran niños pijos con menos vida que la del que sólo sale del barrio para pasear por El Corte Inglés. El arte no es buenas intenciones, una redacción perfecta o un dominio absoluto de las distintas vanguardias, el arte es mierda, y la calidad de la mierda depende de todo lo que hayas mamado antes, de todo lo que hayas peleado, sudado, visto, viajado, conocido, probado, comido, bebido y follado. La mierda de toda esa gente no valdría ni para abonar un campo de malas hierbas, los escarabajos jamás harían pelotillas con ella y las moscas pasarían de largo. El día que tengas el cuerpo lleno de cicatrices, que te hayas cansado de viajar, y el médico te prohíba la sal y el alcohol por problemas de hígado tu mierda será tan buena como la mejor arcilla para hacer algo interesante con ella. Hasta entonces Mariposa Sonriente sólo será un buen polvo y su mierda 95% All-Bran, 5% felicidad mal digerida.

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