Milagros

Milagros,
un pedazo de tierra
perdida en el inmenso océano,
tan lejos del mundo
que no se encuentra en los mapas
y su nombre no es más que un rumor.

Milagros,
un leve susurro,
unas pocas notas,
no más que un par de acordes
del que prendado quedó,
un músico en su ceguera.

Milagros,
un antiguo pueblo escondido
cuyas calles no tienen nombre,
donde el día quiere ser noche
y la noche tener
dos lunas que le acompañen.

Milagros,
donde la arena de las playas
es el argento de sus cabellos,
fino polvo de plata
que el mar que las baña
quiere robar celosa.

Milagros,
deseada por los dioses,
sirena de los hombres
que vagan sin rumbo
y puerto del único al que amó,
siendo su vida este músico.

Milagros,
de sus campos germinaron
siendo antes tierra yerma
generosos viñedos de hermosa uva
que alegraron con buen vino
a los que en su mesa comimos.

Milagros,
ella le dio nombre
a lo que creyeron divino,
pero que no se engañen
pues no fue ningún dios
cuando su corazón salvó el mío.

Milagros,
valiente mujer
que cuando paseaba
en vez de caminar bailaba,
hija del pasodoble
con banda de gaucho.

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