Musicalmente hablando

El primer orgasmo que tuve, musicalmente hablando, fue escuchando un directo de Dire Straits, interpretando el tema Sultans of Swing, más de diez largos minutos de sexo brutal y paranoico. Anteriormente ya me había estimulado con Queen, las inconfundibles sogas en la garganta de Freddie y la “Red Special” a las manos de Brian y demás, pero lo de Dire Straits fue como un polvo con Kristie Klenot. Un polvo único, digno de contar a los amigos, entre copas y todo eso. Por aquel entonces no era más que un gilipollas con acné en lugar de barba, bebía DYC en minis y fumaba Fortuna de a 180 pesetas el paquete. Era curioso ver como el baile de todos los andrajosos como yo era tocar la batería o la guitarra sin el instrumento en cuestión, agitando la cabeza como esquizofrénicos y portando largas gabardinas oscuras, pantalones rotos, camisetas jevis y guantes roídos. Yo inventé la guitarra percusionada, esto era, mientras con una mano punteaba en la guitarra, con la otra atizaba la batería, curioso pero eficaz, y tenía una gran ventaja, podía seguir todas las melodías sin perder el ritmo e incluso cuando uno de los dos hacía una pausa yo continuaba los pasos mientras el resto, que se limitaba a un solo instrumento, no. Las chicas me decían que parecíamos estúpidos los tíos, imitando a los músicos sin tener un instrumento entre las manos. Yo las decía que prefería imitarles simulando el aparato antes que sacarme el pijo delante de todo cristo y que me echaran a patadas del local, preguntándome a su vez qué era más triste, si simular que tocaba algo o tratar de mover el culo como si fuera digno de ser mancillado.

Guerra de sexos, todo empieza desde la infancia, ellas juegan con muñecas, bebés y cocinas miniaturizadas con imitaciones alimenticias en plásticos brillantes, mientras que nosotros los varones, nos pegamos tiros, nos lanzamos cualquier objeto contundente que quepa en la mano o nos piñamos en bici. Más tarde ellas se mojan poniendo fotos de Brad, Johny o Leonardo en sus carpetas o en las paredes de su habitación mientras nosotros lo hacemos escuchando temas en directo como Sultans of Swing de Dire Straits o pajeándonos con el póster central del Interviú robado en el kiosco de la esquina. Menos mal que al final es el sexo lo que nos acaba uniendo y las fotos de esos tipejos y las canciones orgásmicas con solos de guitarra se quedan en el cajón de la pubertad junto con las gomas del pelo que le robabas a las chicas. Y cuando al cabo de los años abres esa carpeta que tenías guardada entre los libros de secundaria en casa de tus padres o rescatas del emule ese tema que te ponía los pelos de puta surge en tu cara esa mueca, con forma de sonrisa agridulce, que deforma tu rostro por unos tiempos que fueron buenos pero también jodidos, y en ese instante asoma por el quicio de la puerta tu chica o tu chico, sólo deseas puntearla como esa guitarra o besarle como a esa foto de tu carpeta y todo es mejor y no lo cambiarías por nada del mundo, total, siempre puedes follar con esa música de fondo o pensando en esa foto que te ponía tan cachonda, nadie se dará cuenta de la infidelidad.

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