No hubo barbacoa

Lo vi venir, no sé cómo, pero aún así ya era demasiado tarde. Fue un sábado, el primer sábado de agosto, mi primer día de vacaciones y mi primera salida después de todo el invierno sin coger la bicicleta. Estaba extenuado de subir el puerto, tanto que no recordaba haber estado tan cerca como hoy de darme la vuelta cuando no debía quedarme más de un kilómetro para hacer cima, pero subí, di la vuelta en la explanada del parking lo más lento que pude sin apearme de la bicicleta para recuperar mis piernas y tomé el camino de vuelta. Bajaba a tumba abierta por aquella endiablada carretera y de repente las ruedas empezaron a patinar sobre una gravilla que no debía estar allí. Mis dedos apretaron la maneta de los frenos, mordiendo las llantas las zapatas, resbalando las palmas de mis manos sobre el guarnecido de piel cuarteado del manillar y echando de menos los guantes que dejé olvidados junto al casco en el banco del garaje, eso no fue buena idea. La carretera estaba despejada, nadie subía o bajaba el puerto más que yo, por lo que intenté llevar la bicicleta al centro de la calzada, pero ésta se cruzó perpendicular a la rueda delantera como si el sudor de mis manos hubiera encharcado el asfalto.

Era probablemente mediodía y el sol picaba mi espalda como miles de finas agujas atravesando el maillot, debía hacer un calor de mil demonios pero sin embargo sentía entumecerse todos mis músculos con un escalofrío que subía por toda mi espina dorsal desde mis entrañas hasta la base del cráneo, el sudor helaba mi frente y la bicicleta seguía cruzada contra mi trayectoria. Si conseguía llegar al menos al otro lado de la línea blanca estaría salvado, pero cada vez quedaba más lejos. Vi pasar el quitamiedos tan cerca que pude sentir el metal recalentado por el sol en mi pierna derecha, si pudiera apoyarme en él para no caerme… –¡Pero iba demasiado rápido, bajaba un puerto maldita sea, en qué coño estaba pensando!– La rueda trasera se bloqueó, giró repentinamente cambiando su trazado y patinó hacia la derecha, traté de corregir de nuevo girando el manillar en dirección opuesta pero tras chocar contra el quitamiedos me quedé suspendido en el aire saliendo despedido por encima de la bicicleta, la curva era también a derechas y ya sólo vi el asfalto ardiente de un primer sábado de agosto que se me echaba encima, si salía de ésta conseguiría llegar a tiempo de pegarme un chapuzón con Nina y encender la barbacoa…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s