Nada nuevo bajo el cielo

Y no hay nada nuevo bajo el cielo, el mismo cielo de siempre, por muy distinto que alguien se afane en verlo porque no se quitó las gafas de sol; las gallinas siguen poniendo huevos, el tigre sale a cazar y las urracas desahucian los cubos de basura. Si algo, en algún momento, parecía haber cambiado sólo fue un sueño, un mal sueño interpretado como no debiera. Haga frío o haga calor es el mismo ciclo, amigo mío, divídelo en 4 estaciones si quieres, pero seguirá siendo el mismo invierno, la misma primavera, el mismo verano y el mismo otoño de todos los malditos años por más que quieras cambiarlo, prolongándose hasta la eternidad, la eternidad de un instante congelado que se repite hasta el infinito, recogiendo los restos de algunos pocos inteligentes que supieron escapar de esta vil locura que empieza donde terminó. Debe ser lo que llaman el ciclo de la vida, pero no es ciclo sino bucle. El futuro es los restos de comida entre los dientes, la mala digestión del pasado, repitiéndose como el ajo y dejando además mal sabor de boca. Lo vivido sólo sirve para mezclarlo con whisky y emborracharte para olvidarlo. La experiencia te la dan las copas y la resaca te devuelve al principio, con un fuerte dolor de cabeza haciendo que te preguntes si aquello pasó realmente. La certeza existe, el alcohol sólo hace que dudes de ella, obligándote a salir a la calle con unas gafas de sol oscuras mostrándote un cielo de otro color, pero eso sólo es una pobre distorsión de la realidad.

Y todo esto para evitar escribir, para no reconocer, que si bebo no es para borrarte sino para brindar con tu fantasma por verte de nuevo, que después de todo este tiempo te recuerdo, que durante siete largos años te he amado en la distancia, que tengo miedo a olvidarte y mi vida entonces carezca de sentido. Cada noche me visitas y salimos a pasear, cuando el tiempo se detiene, mientras el mundo duerme, agarrados de la mano, intercambiando miradas por sonrisas entre beso y beso, prometiéndonos a la luz de la eterna Luna que nunca se pone en mis sueños, que para eso son míos, que nunca más volveremos a separarnos, que cuando despierte de esta larga pesadilla estarás a mi lado, junto a mí, en la cama.

No hay nada nuevo bajo el cielo. El bucle, que por eso es bucle y no ciclo, se repite una vez más, y me despierto sólo, arrastrando mis huesos hasta el baño para mojarme una cara que no se ha secado en toda la noche y empezar otro día que poco tiene de nuevo, esperando que llegue la noche y el cansancio me lleve otra vez hasta la cama para encontrarnos una vez más paseando de la mano bajo el cielo de Madrid, que siempre fue el mismo, y la misma Luna será mi testigo de que aquello realmente ocurrió.

No hay nada nuevo bajo el cielo, pero te sigo soñando, sobrio, borracho o dormido.

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