Una pérdida de tiempo

Charly pensó que era fácil enamorarse de una chica así y que ella podría estar con cualquiera, el que ella quisiera, y sin embargo Beatriz se había quedado con él aquella noche, tomando unas cervezas en la barra de un improvisado bar. Charly no pensó mucho más, sólo en la coincidencia de dos personas que muchos años antes habían tenido cierto contacto, que Beatriz estaba algo cansada para seguir de fiesta y por eso sus amigas la dejaron sola allí con él. Charly podía sacar a Beatriz más de diez años fácilmente, tenía el pelo largo, con mechas de tinte, llevaba una fina y ajustada camiseta de tirantes negra dejando adivinar unos senos no demasiado grandes, pero sí duros y turgentes, un vientre liso con un piercing asomando en el ombligo y unos pantalones vaqueros desgastados muy bien ajustados. Charly apuraba su cerveza y la miraba con la desconfianza de quien se sabe demasiado viejo y feo para una chica como ella. Mientras, Beatriz hablaba y hablaba como hace cualquier mujer cuando no está durmiendo, riéndose y abriendo mucho la boca para decir ah y oh, mientras le cogía del brazo tirando de su camisa o posaba su mano sobre la de él, gesticulando tanto como para pensarse dos veces atarla a la banqueta en la que apenas paraba sentada.

Charly estaba casado y Beatriz lo sabía, pero eso importaba poco en aquel momento, su mujer se había ido de recogimiento a pasar el fin de semana con sus amigas a una casa rural. Charly había aprovechado para salir a tomar algo tranquilamente con un par de amigos para ponerse al día de sus rerspectivas vidas y recordar los viejos tiempos, los buenos tiempos, cuando lo que pasara al día siguiente importaba tan poco como las pocas monedas que llevaban en los bolsillos. Pero esos tiempos no eran ya más que recuerdos de otras vidas y antes o después debían volver a casa con sus obligaciones conyugales, menos Charly, por eso cuando se despidieron en la puerta del bar para echar un cigarro él se quedó con Beatriz, que le pidió que se tomara una cerveza con él, la primera vez que hacían algo así. Los padres de ambos eran vecinos y Charly casi la había visto nacer, Beatriz había pasado muchas tardes en casa de Charly cuando él aún vivía con sus progenitores, haciendo sus deberes y jugueteando inocentemente con él cuando se aburría más de la cuenta. Después Charly creció, empezó a trabajar y se fue del nido siendo aún muy joven, estuvo saliendo con alguna chica y finalmente se casó con la última, por amor, con iglesia, banquete y luna de miel, y pasaron los años.

La cerveza seguía fluyendo, Charly llevaba ya varias jarras ebrio y Beatriz le confesaba lo difícil que era encontrar un chico de su edad que tuviera dos dedos de frente y pensara en algo más que una mamada, lo excitante que resultaba encontrar a un tipo interesante como Charly con quien tomar una cerveza plácidamente. Aquel comentario hizo que Charly pensara en ello con la imagen de Beatriz abriendo la boca diciendo oh y fue entonces cuando decidió retirarse antes de bailar en la cuerda floja, sin música. Después de todo, Charly seguía queriendo a su mujer aunque las cosas hubieran cambiado. O a lo mejor después de todo nada había cambiado y ese era el problema.

Charly se conocía el camino y ofreció a Beatriz llevarla hasta su casa, apuraron sus cervezas y salieron del bar agarrados hasta el coche, encendió el motor, bajó la ventanilla y encendiéndose otro cigarrillo arrancó. No pasaron más de quince minutos sorteando las calles principales, por riesgo a ser detenido en algún control de alcoholemia, cuando Charly paró en segunda fila frente al portal. Beatriz quiso fumarse un último cigarrillo, Charly se lo prendió y ella se disculpó por haberle aburrido con sus tonterías de niña borracha. Veinte incómodos minutos en total en los que a Charly se le pasó por la cabeza cómo sería reiniciar su vida con una chica como Beatriz, joven, guapa y despierta, pero los cigarrillos se consumieron y tocó despedirse, eso era lo mejor que podía hacer, pensó Charly en un momento de lucidez, y acercó su cara hasta la de ella para los dos besos de cortesía, cuando sus labios fueron asaltados por otros unos diez años más jóvenes que los suyos, abriendo su boca e introduciendo dentro su lengua inquieta.

–Yo también estoy sola este fin de semana– le dijo Beatriz al final, –¿por qué no subes? –. Charly aparcó su coche, ¿qué podía perder? pensó, y subieron juntos en aquel viejo ascensor que jamás había imaginado en sus mejores sueños una escena como aquella. Charly la cogió a orcajadas entre sus brazos y la devolvió aquel beso envenenado a mordiscos. Luego, entraron en la casa de ella y sin encender luz alguna cayeron en el sofá comiéndosela a bocados como hacía tiempo que no lo hacía, despachándose a gusto con sus manos sobre aquella piel joven y tersa mientras ella se dejaba hacer. Charly saboreó las delicias de cada uno de los rincones de Beatriz, desnudándola a placer hasta dejarla únicamente con un retorcido tanga entre sus nalgas, gimiendo ésta entrecortadamente, con ese punto de timidez que diferencia a una niña de una señora. Pero mientras Beatriz se derretía empapando los cojines del sofá Charly tan solo saciaba la codicia de su estúpido calentón que rápidamente se había enfriado, en seguida aquello le supo a nada, y a pesar de intentarlo una y otra vez perdió el apetito, era sólo carne, tan vacía e insípida que si hubiera estado en un restaurante se hubiera largado de allí sin pagar. En vez de eso se retiró en silencio, sentándose cuidadosamente a un lado, y se declaró en bancarrota, no pintaba nada allí.

Parecía más de lo que realmente era, pensó Charly cuando entraba de nuevo en su coche. Su mujer podía sentirse envidiada, tenía diez años y otros tantos kilos más que cualquier remilgada con un tanga que le abrazara el culo y aún así se la seguía poniendo dura cuando volvía cansado del trabajo, ¿qué más podía pedir? Después de todo se sentía afortunado. Bajó la ventanilla, encendió un cigarrillo saboreando la primera bocanada como si fuera la última y arrancó con el único deseo de meterse en la cama cuanto antes y no levantarse hasta bien tarde, ya estaba bien de hacer el gilipollas.

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