Las opciones que nos da Wall·E

Si habéis visto Wall·E, una película de Disney-Pixar de hace ya unos cuantos años, y habéis pillado el mensaje que deja para el público adulto, al cual me dirijo, no tengo mucho más que decir. Para los que no, que somos gilipollas, lo explicaré. Y es que va a resultar que las redes sociales, entre otras, van a ser los mejores círculos donde acampar para encontrarte rodeado de lo que a uno le puede interesar. Banalidades varias que condicionan y alimentan nuestro día a día. Vidas las nuestras que se mueven en círculos (y no esferas, cuidado, tan sólo 2 dimensiones) y se concentran entre sí, círculos de los que no salimos dada la comodidad de su “sírvase usted mismo”. Esto viene a ser lo que nos rodea, lo que nos ofrece el buffet libre en el que estamos metidos, y por lo tanto todo lo relevante de lo que disponemos. Al fin y al cabo es lo que tenemos y con lo que podemos contar con sólo estirar el brazo. La marea que nos lleva… Pero esto no es cuestión de tecnología ni de fronteras sino de ceguera. Parches que nos colocamos en los ojos y por lo tanto no somos capaces de ver más allá. Lo de seguir el camino marcado y esas cosas, puedo divagar y perderme con esta tontería, pero no quiero alargarlo demasiado, no soy quien.

Nada de lo que tenemos dura eternamente, el frío tampoco. Ahora viene el invierno, si es que nos había dejado, pero antes o después el viento amainará, saldrá el sol y mejorará la temperatura. Brotarán flores por doquier, hasta de debajo de las piedras, y podrás coger el camino que te plazca dentro del círculo en el que estés metido. Puedes esperar hasta entonces recostado cómodamente en tu sofá, hurgando con cariño tu ombligo y asomándote de vez en cuando a la ventana a ver qué pasa con el tiempo. Nunca llueve a gusto del consumidor, es lo que tiene. Pero si realmente quieres algo ya puedes dejar el móvil y mover el culo. Cuestión de necesidad, pero probablemente haya más opciones, que te despejes con una buena ducha, te abrigues y salgas a buscarlo es una de ellas. No esperes o acomodes demasiado porque lo de Pixar sólo es una película y no todos podremos encontrarnos con un Wall·E que nos abra los malditos ojos.

Si no lo has entendido ponte otra vez la película y apaga el jodido teléfono.

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