¿Dave? Mal, mal, mal…

–Dave, no es que el día que naciste hiciera frío y estuviera nublado, no hubo ni flores ni fotos ni neorromanticismo que lo ilustrara. Fue un día como otro cualquiera Dave, un amanecer en el que ya al asomar la cabeza, entre las piernas de tu madre, el tabique de tu nariz se rompió. Tu infancia pasó de largo porque no tenías cojones ni para abrir la boca. No hiciste una mierda que te diferenciara, ni saliste de tu cuarto cuando no hubo tormenta. Sólo seguiste por la puta cinta que hasta aquí te ha traído Dave. Y ahora lloras porque no aciertas con el color del semáforo al pasar, porque no tienes ni cajero de donde sacar el dinero que ya no te queda.

Silencio. El uno de pie. El otro sentado, con la vista perdida por una ventana tan húmeda como sus ojos.

–¿Te callas? Ni dices nada ni puedes con el saco Dave. Joder, mejor no hablar del último combate. ¿Dónde coño estaba tu cabeza Dave, qué hiciste con ella? Tenías un buen trabajo, en un buen puesto, y una preciosa mujer a tus pies, guapa joven y lista. Lo habías conseguido todo Dave, y lo tiraste bajo el ring. Después saliste de allí tan magullado que así te va. Lo que no te diste cuenta, Dave, es que allí mismo dejaste también olvidadas las pocas ilusiones que te quedaban. Quizá hayas despertado pero tenías un gran sueño tangible en tus manos.

Dave tenía ahora los codos apoyados en sus rodillas, tapando su cara con las manos. Ya no veía nada, ni siquiera ese sueño tangible que el amigo sacó de su chistera. Le quedaba demasiado lejos.

–Eres un pobre imbécil Dave, perdona que te lo diga pero mejor las cosas claras, tu sangre ya es demasiado espesa. Tienes el cerebro embutido en mierda, si el contrincante te hubiera terminado por abrir el cráneo habría caído redondo al suelo y tú, Dave, al menos habrías ganado el combate, porque su olor es nauseabundo. Piensas con el culo Dave y no vales un carajo, tu aspecto da buena cuenta de ello. Ahora arrástrate lo que te queda y disfruta lo que puedas. Es lo único que hay, Dave. Eso o busca una buena vertical, con buenas vistas a ser posible para disfrutar de algo por una vez, y tírate. Estar a la espera no sirve de nada, pero te faltan huevos hasta para eso.

Dave no sabía ya si reír o llorar. Fue la primera opción la que salió sola.

–Encima ahora te descojonas cuando antes lloriqueabas como el estúpido crío que siempre fuiste, Dave. Te ríes de mí y parece que no sirve de nada lo que te digo. Todo te la suda. No sé para qué pierdo el tiempo contigo, Dave. ¿Quieres un cigarro? Toma, muérete. Aunque tampoco te queda demasiado. Todo este tiempo que he estado contigo… No, no tengo mechero, no tengo fuego con el que encenderte nada ya porque eres como un jodido cáncer.

Entonces Dave se levantó, extendió los brazos y le soltó tal puñetazo en la nariz que tumbó al que hasta ahora había sido su amigo, uno de los pocos que le quedaban. –Si tocas los huevos ten cuidado de no romperlos.– Luego le cogió del cinturón, le arrastró por el suelo hasta la calle y allí le dejó. Habían compartido amistad, ahora además un tabique nasal roto. Lo único que necesitaba Dave era encenderse un maldito cigarrillo y su amigo no tenía ni fuego ni ganas de encenderlo.

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