Mi planta, mi anillo y yo

Carlos tenía la misma edad que Claudia, pero ella aparentaba menos y él más. Mucho más. Si es que andas como un viejo. Gracias cariño. Lo dice la mujer que lee dormida, se cree despierta y todo lo etiqueta… Perlas como esas se repartían entre ambos en cuanto alguno se despistaba, pero aun así se querían. Puede que en algún momento acaben compartiendo techo, y quien sabe si también altar. Mientras tanto, sus mundos seguirían trazando rutinas helicoidales en torno a las barras de los bares.

Aquel anillo que vestía Claudia no se lo había regalado él, lo compró por sí misma. Fui a por un bolso barra mochila en el mercadillo del museo del ferrocarril y acabé en el puestecito que tiene esa chica que hace esas cosas con sus propias manos. Me gusta cantidad, es superbonico. Y eso que ya lo ha machacado varias veces y lo ha pisado, sin querer dice. Aquel bolso barra mochila que ella seguía buscando quiso regalárselo Carlos a las pocas semanas de conocerse. Veni vidi pero no vici, demasiado pronto para ella comprometerse regalos mediante, aunque no fuera esa su intención. Momento de locura si acaso. Mi plantita sabe lo que digo, me quiere y yo la quiero a ella. Al parecer es mutuo. Por las mañanas, cuando subo la persiana, la cubro de los rayos de sol que entran a saco por la ventana echando la cortina, y ella me da las gracias. Al acostarme, antes de apagar la luz, le cuento mi día. Luego, un beso de buenas noches y nos sobamos. Supongo que metafóricamente, pero a saber lo que hacéis en la oscuridad, siendo alga y almeja una y otra.

Antes de medianoche y sin ver el último wasap, Claudia ya había subido al séptimo cielo, tallo mediante, mientras Carlos tecleaba frente a la pantalla. Div class header background image… Aquella noche de código fuente le mantuvo frente a la pantalla hasta las tres. La misma hora en la que Claudia despertó tras revolverse las sábanas en su contra. ¿Te qu eme con carita sonrojada, cuando ya no hay coste por letras y tienes tarifa plana?

Estás fatal, me pones mala y mi plantita ha perdido otra hojita, joder, bonita, no llores que me lo pegas. Toma mi anillo. ¿No lo quieres? Yo te quiero a ti, plantita, ¿por qué no me dejas dormir? ¿Qué coño va a ser por él? Él me quiere, me lo ha puesto, ¿por qué dices eso? Éste me quiere y yo le quiero a él. Y a ti también, plantita, no me llores tus hojas que me lo pegas, sabes que me lo pegas y si nos ponemos las dos a ver qué hacemos, que ya te riego lo suyo, lo suyo y lo mío.

Claudia amanecía antes que Carlos porque fichaba pronto en el trabajo. Esta vez con más ojeras. Él, que andaba montando su propio negocio, no madrugaría antes de las once por ciego que pareciese. Ciego de amor estúpido. Está loca, pero me lo pega cuando la tengo cerca. Amor estúpido.

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