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Ni héroe ni heroína

Ya desde pequeño no te gustaban los que iban de guay, dentro y fuera de la pantalla, pero sí alguna peli de héroes salidos de la nada, salvando vidas, defendiendo a los buenos y luchando contra los malos. Cuántas veces jugaste a ser Superman, auxiliando a Lois Lane al tragársela la tierra dentro de su coche… Muchas. Creías ser uno de esos, Dave, de los que algún ente sobrenatural elige a dedo, para salvar a los demás del barro que a ti te llegaba hasta las rodillas.

Te sentías como el Cid Campeador, luchando a diestro y siniestro por los tuyos, y acabaste peleando a calzón quitado del mismo modo que el caballero de la armadura oxidada, solo que sin caballo ni armadura que portar. O como el ‘rabudo’ de Nacho Mirás, que dejó de ser zurdo. Tú, sin ser celta ni vigués ni periodista, y mucho menos caballero, pasaste también por el mejor peor momento de tu vida. Estuviste de mierda hasta el cuello y, de un tiempo a esta parte sin embargo, puedes mirar al frente sin perder el horizonte, aunque ya no seas nadie y estés de gorra. Un peso que te quitas de encima.

Miras de soslayo cada vez que alguien te llama y aun así cedes tu asiento cuando un viejo hace acto de presencia, buscando los ojos de algún cómplice que se los devuelva. Amenazas al que ocupa tu espacio sin permiso y apenas entras al juego de conversaciones mundanas, porque lo sientes como ajeno a la vida en sí misma, un regalo que muchos desconocen. Ya no te cortas ningún pelo si no es a tu antojo ni eres el héroe de nadie. Sólo eres tú, Dave. Disfrútalo.

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