Covid (Cobi para los torpes) no es sólo una mascota de olimpiadas

Me abro una de esas cervezas mejicanas, con media rodaja de limón que aún me queda en la nevera, para ahogar mi mala leche, entera y con lactosa. Mola el circo mediático que se ha montado con el virus de turno; Covid parece más el nombre de la mascota de las olimpiadas de Barcelona que el de una pandemia.

Y eso les mola a los medios, mueven toda la basura que sale de la calle, de los hospitales de medio mundo y hasta de Moncloa. La ponen bonita, como si de comida rápida se tratase, y lo llevan al punto más extremo de la información sentimentaloide, con esos discursos políticos, en los que felicitan hasta a los trabajadores de Glovo, por llevarnos las hamburguesas a los confinados en nuestras casas, y luego transmiten el resto del día las imágenes de las calles vacías, con algún gilipollas que se pasa por el pijo el estado de sitio, la situación emocional de los profesionales de sanidad, limpieza y desinfección, y las marionetas que aplaudimos a destajo, a eso de las ocho de la tarde, desde nuestras ventanas. Las mismas marionetas que creemos que esto no nos pasará a nosotros, porque lo estamos haciendo todo de maravilla y somos gente de primera.

A muchos de éstos (desconozco el porcentaje) se les ha olvidado de repente los enfermos de cáncer o esclerosis, los machos alfa soberanos de la mujer, los que intentan escapar de la escabechina de Siria o los muertos de hambre de los países perdidos por el centro de África, porque eso ya se pasó de moda. A los medios les mola vender las emociones del aquí y ahora, a lo “First dates”, y a los ciudadanos modernos del siglo XXI nos encanta depender de ellas, como discutir por el blanco y el negro, Channel contra Amor Amor, Samsung versus Apple o la niñita activista de Greta Thunberg haciendo vela por el Atlántico norte.

La Corona, sea cerveza o sea virus, siempre me supo a poco, una por ser lager y la otra por esta sociedad hipócrita que se miente a sí misma, de mascarillas en los huevos y guantes gratis de Mercadona para que parezca que sea otro quien se la machaca. Los mismos que reparten humo por Whatsapp, reenviando lo que otros les mandaron, y así sucesivamente, porque «o sea te juro que es verdad de la buena, me lo dijo el novio de mi hermana, que tiene un vecino, amigo del camarero que sirve los cafés en el bar que hay enfrente del congreso». Y si no, no tomes ibuprofeno por si acaso. Ya lo dijo Göbbels: Una mentira, repetida mil veces, se convierte en verdad.

Yo, con esto del Covid, adoptaría simios con mucho cariño y a tratarles bien, con mimitos y todo tipo de carantoñas. Por si cuando amanezca estamos en otro planeta.