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Amor ebrio

Nada más conocerla, en una noche de verano, soñó con ella. En ese sueño se besaron, se enamoraron y el mundo pareció hacerles un hueco a pesar de todo.
Tan embriagados estaban que la resaca fue larga, pero también dulce, y cuando despertaron él le pidió la mano y el sueño fue real.

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Siéntelo Dave

Vamos Dave, está bien que me digas que te anima escuchar la misma canción una y otra vez, pensar que es ella, ESA morena, quien la susurra a tu oído. Sí, no soy imbécil, sé que el disco es de Luz Casal, pero la voz con la que tú sueñas que te la canta es de quien te digo, ESA que quedó atrás, la que ya no volverá. ¿Qué diablos quieres? Cada uno tiene lo suyo, bien que lo sabes, Dave. A todos nos tocan nuestras cartas y tenemos que saber jugar con ellas, es lo que hay. Nada será como lo que hubo, pero Dave, maneras de seguir adelante hay muchas, dos al menos, hundirse o remar. Ese combate en el que andas metido es jodido pero, sin ser boxeadores, todos tenemos el nuestro y tú eres el fuerte, ella te lo dijo además. Eres un tipo duro, aunque te lo pases por el forro, aunque te veas sin fuerzas, pero en el fondo lo sabes, y lo eres Dave. Volverás a pelearte dentro y fuera del ring, es sólo cuestión de estima. No sé dónde la tienes ahora, si pudiera te ayudaba a encontrarla, pero ni yo, ni Luz Casal, ni ESA otra la tenemos. Sí, ya sé que no lo sientes así Dave, pero tu mierda no depende de nadie, ni del otro, depende de ti mismo, tú eres el único que puede quitársela de encima y empezar de nuevo. Sabes lo que hay, que no es poco, pero también sabes que puedes con ello si te lo propones. Cuestión de voluntad, Dave. ¿Dónde la tienes?.

No, no se la llevó nadie Dave, tu voluntad está sólo en tus manos. Es el odio quien te ciega, tanto que no ves la luz de cómo volver, y esa luz no te la va a poder mostrar nadie, vas a tener que encontrarla tú mismo. Abre los ojos, porque ese camino que has de andar es sólo tuyo, los demás sólo podemos verte llegar desde la meta. Dave, adorabas a Induráin, quisiste ser como él hace años y ahora es tu oportunidad; mete tu marcha, la que bien conoces, y dale con todas tus fuerzas. Puede que en algún momento sientas que no avanzas, pero el camino es largo y tu piñón fijo demoledor. Tira maldita sea, tira, llega a la meta y sigue rompiendo todos esos moldes que destrozaste, déjanos a todos atrás como has hecho hasta ahora. Cuando llegues tendrás tu premio Dave, te estarán esperando para recibirte con los brazos abiertos. Los demás iremos detrás, donde otras veces nos dejase. Ponte los guantes y sal a ganar; abre la puerta y deja que entre el sol. Siéntelo Dave, yo sí que creo en ti porque eres grande.

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Adiós, gilipollas

Certezas no hay ninguna, nunca las hubo. Y quizás por eso muchos siguen su ritmo, descansando tras esa semana de curro, al volver del parque con los críos, cuando el que no se cansa desconfía, tanto que no baja al parque por miedo, miedo a confiar en un gilipollas. Entre medias, ese gilipollas que, harto de perder el tiempo que no tenía, se escapó. Se fue más allá de las montañas para buscar vida, y quizás en el más allá se quedó para no volver, con o sin vida.

Seres móviles

Dos vidas en dos maletas que al poco de abrirse se cierran de nuevo. Muchos caminos con no menos cruces, entre atascos y accidentes que se van quedando atrás, que por un momento se olvidan al repostar en distintas gasolineras. Lo suficiente para llenar el depósito y proseguir con el viaje para no volver jamás. Querer avanzar hasta la meta para encontrar lo deseado es una buena forma de vivir, pero sólo si se disfruta del trayecto… y acertamos con esa meta. Otra cosa es el precio del peaje, pero siempre hay carreteras secundarias, con las que evadir algunos de los precios que se ven impuestos, y además mejores vistas entre pueblos no menos interesantes muchas veces.

Son miles de millones de vidas, las existentes sobre la única faz tangible de una maldita realidad que es ésta, y sólo a una por barba sin apenas sitio, porque no somos gatos. Y muchas de estas vidas se cruzan, otras tantas se comparten y pocas perduran. Son muchas las vidas perdidas y otras muchas las encontradas. Dos a veces se unen. Dos a veces se recuerdan. Dos vidas al fin y al cabo, con tanta historia como kilómetros recorridos, que no llegarán donde otras no hayan estado ya. Los lugares no cambian demasiado, las personas me temo que tampoco, a veces quizás… Y a veces, tanto las personas como los viajes, cansan y aburren, a veces sorprenden y hasta a veces recompensan. A veces no hay maleta y a veces tampoco destino, pero siempre hay una maldita carretera.

¿Dave? Mal, mal, mal…

–Dave, no es que el día que naciste hiciera frío y estuviera nublado, no hubo ni flores ni fotos ni neorromanticismo que lo ilustrara. Fue un día como otro cualquiera Dave, un amanecer en el que ya al asomar la cabeza, entre las piernas de tu madre, el tabique de tu nariz se rompió. Tu infancia pasó de largo porque no tenías cojones ni para abrir la boca. No hiciste una mierda que te diferenciara, ni saliste de tu cuarto cuando no hubo tormenta. Sólo seguiste por la puta cinta que hasta aquí te ha traído Dave. Y ahora lloras porque no aciertas con el color del semáforo al pasar, porque no tienes ni cajero de donde sacar el dinero que ya no te queda.

Silencio. El uno de pie. El otro sentado, con la vista perdida por una ventana tan húmeda como sus ojos.

–¿Te callas? Ni dices nada ni puedes con el saco Dave. Joder, mejor no hablar del último combate. ¿Dónde coño estaba tu cabeza Dave, qué hiciste con ella? Tenías un buen trabajo, en un buen puesto, y una preciosa mujer a tus pies, guapa joven y lista. Lo habías conseguido todo Dave, y lo tiraste bajo el ring. Después saliste de allí tan magullado que así te va. Lo que no te diste cuenta, Dave, es que allí mismo dejaste también olvidadas las pocas ilusiones que te quedaban. Quizá hayas despertado pero tenías un gran sueño tangible en tus manos.

Dave tenía ahora los codos apoyados en sus rodillas, tapando su cara con las manos. Ya no veía nada, ni siquiera ese sueño tangible que el amigo sacó de su chistera. Le quedaba demasiado lejos.

–Eres un pobre imbécil Dave, perdona que te lo diga pero mejor las cosas claras, tu sangre ya es demasiado espesa. Tienes el cerebro embutido en mierda, si el contrincante te hubiera terminado por abrir el cráneo habría caído redondo al suelo y tú, Dave, al menos habrías ganado el combate, porque su olor es nauseabundo. Piensas con el culo Dave y no vales un carajo, tu aspecto da buena cuenta de ello. Ahora arrástrate lo que te queda y disfruta lo que puedas. Es lo único que hay, Dave. Eso o busca una buena vertical, con buenas vistas a ser posible para disfrutar de algo por una vez, y tírate. Estar a la espera no sirve de nada, pero te faltan huevos hasta para eso.

Dave no sabía ya si reír o llorar. Fue la primera opción la que salió sola.

–Encima ahora te descojonas cuando antes lloriqueabas como el estúpido crío que siempre fuiste, Dave. Te ríes de mí y parece que no sirve de nada lo que te digo. Todo te la suda. No sé para qué pierdo el tiempo contigo, Dave. ¿Quieres un cigarro? Toma, muérete. Aunque tampoco te queda demasiado. Todo este tiempo que he estado contigo… No, no tengo mechero, no tengo fuego con el que encenderte nada ya porque eres como un jodido cáncer.

Entonces Dave se levantó, extendió los brazos y le soltó tal puñetazo en la nariz que tumbó al que hasta ahora había sido su amigo, uno de los pocos que le quedaban. –Si tocas los huevos ten cuidado de no romperlos.– Luego le cogió del cinturón, le arrastró por el suelo hasta la calle y allí le dejó. Habían compartido amistad, ahora además un tabique nasal roto. Lo único que necesitaba Dave era encenderse un maldito cigarrillo y su amigo no tenía ni fuego ni ganas de encenderlo.

Éxtasis sin precedentes

Resulta brutal, un pecado carnal en toda regla (o sin ella), con tanta gente y no sólo encima, también debajo, en los costados… Por todos lados y mucha que hasta resulta familiar. ¡Quién me iba a decir de montarnos semejantes orgías de lujuria pasional y fluido desenfrenado! Puritanos los justos y metamos todo lo que podamos, qué coño… O por el culo. Tan extasiado me quedo que estoy sin palabras ante semejantes acontecimientos improvisados. Pero esto sigue, no para, y el uso y disfrute es tremendo. La primera, que cayó a finales del año pasado, fue la hostia. La siguiente y ahora penúltima, estas navidades sin ir más lejos, casi tenemos que llamar a emergencias. En esta ocasión las ambulancias ya están fuera y algunos médicos, enfermeras, auxiliares y demás gente que pasaba por la calle se han sumado ya. Es un terminar para empezar de nuevo, con tanto individuo de ambos géneros, desnudos todos y en las posiciones más inverosímiles.

Yo, para recuperar fuerzas, me he sentado este rato aquí, enfrente del ordenador, entre un cigarrillo y una cerveza, y de paso hacerlo público y si puede ser animaros a participar en la fiesta. Ya que estamos tiremos la casa por la ventana, porque no se sabe lo que queda pero parece que va para largo. Seremos muchos pero te abrimos un hueco exista o no. No sabéis en la que os metéis si venís, si es que no os la meten antes, pero no os lo perdáis por nada del mundo. Mis vecinos se quejaron al principio, pero luego se animaron y el que entra no sale después.

Esto iba a ser para San Valentín, porque el amor es tan necesario en nuestras vidas, para el gozo y disfrute de nuestros corazones, como el actimel lo es para nuestras arterias, pero al final se nos ha adelantado porque algunos no se aguantan y… Mierda, el gay de Paco está en la puerta clavándome su mirada y apuntándome con su recortada, me da que va a ser esa segunda más bien la que me termine por clavar… Estoy jodi987654321ºqefgefbpuhqorpbfe084

Echemos unos puros y a disfrutar mientras podamos

El tiempo es muy relativo. Tanto como lo es el problema que tenemos con ciertos conceptos, dos en concreto, que intentamos separar demasiado. Creemos en lo inmaculado y en lo divino, en el aire sin humo, en que las cosas pueden ser puras. Pues es mentira, porque ya sólo por nacer no sólo te manchas sino que salpicas. Pero nos negamos a aceptar la existencia de la impureza. Somos gilipollas. Las cosas pueden hacerse mejor o peor en una amplia gama de colores, lo que es un jodido arcoiris, no sólo grises, y menos aún blanco o negro. Porque lo puro tan sólo es un concepto, un término en el que está bien querer vernos reflejados para sentirnos realizados. Y podremos verlo a lo lejos, acercarnos a él hasta casi palparlo, de palabra, obra u omisión, pero fuera de la teoría, en la práctica, no existe maldita sea. La pureza es incompatible al menos con el ser humano. Lo ideal es una cosa, y la vida misma otra. Acerquémonos todo lo que podamos y si alguien quiere que opine del resto si tanto le emociona, pero que no joda, no estamos limpios y ese el primero.

Tanta mierda hay fuera que nos dan ganas de mirarnos el jodido ombligo. Normal por una parte. Pero si profundizas un poco en el tuyo, o en el mío incluso, verás que tampoco están demasiado limpios. Podremos tirar fuera todas las piedras que nos salgan de los cojones u ovarios, pero todos y todas estamos sucios y sucias. Y esta es la última vez que diferencio de sexos. Discriminación la justa, que tanta tontería me agota mucho, y mis pilas aunque les quede todavía no andan muy cargadas me temo. Disfrutemos del momento sin molestar a nadie y que sea lo que tenga que ser. Echémonos unos puros y pasemos un buen rato. No esperes gran cosa, porque los fraudes son difíciles de llevar. Mañana será otro día y si no quieres problemas pues tómate tus pastillas y no te levantes de la cama por lo que pueda pasar. Yo ya me he tomado las mías. Buenas noches.

Un último combate

Agachar la barbilla, subir los puños a la altura de la cabeza y cerrar los codos contra el torso. Esperar mientras esquivas y bailar, moverte para mantener el ritmo y cansar lo que puedas al adversario. Esa es la teoría que bien conoces Dave, como soltar el puño que protege tu barbilla para tantear cuando ves un hueco. Si entra, y notas que su guardia tambalea, entonces lo echas todo desprotegiéndote lo justo. Giras la cadera en seco, iniciando el movimiento desde los tobillos, y encadenas desde atrás una serie de golpes, crochés, ganchos o un codo perdido, cualquier cosa que encaje, para acabar con un buen zurdazo que le tire a la lona.

Pero esta vez es diferente y la técnica que bien sabes no funciona, Dave. Dominas a los contrincantes diestros, pero éste también es de levantarse con el pie izquierdo. No es el primer zurdo con el que te cruzas aunque sí más joven, más definido, más ágil y más sucio que tú. La experiencia es un grado pero con el viento en contra no suma, resta y mucho. Un minuto mientras esperas en tu esquina se hace largo pero tres en el ring, cuando las cosas no salen como quisieras, pueden ser eternos; más cuando no hay nada ni nadie que te sostenga ahí fuera. Ya después del último asalto, sentado en tu esquina sobre el taburete, tus ojos delataban la impotencia, la rabia contenida en un sudor frío que tu toalla no conseguía llevarse consigo.

Volvió a sonar la campana para salir de nuevo y enfrentarte a ese jodido potro, anhelando que en algún momento un centímetro de libertad separe la armadura de su carne, el espacio suficiente para soltar un golpe de gracia que le deje fuera de combate. Pero ese momento se resiste, no llega, y sin embargo son tus piernas, Dave, las que empiezan a flaquear; quizás porque notas demasiado cerca el calor de tu nocaut. Aún así aguantas, con la presión resquebrajando tu cráneo, porque no tienes más elección que la de seguir ahí. Te mueves, bloqueas los golpes que casi ni ves y aprietas la mandíbula. Tanteas un poco, retrocedes y fintas para esquivar el último de sus directos, escurriéndote por la izquierda, sacando de tus entrañas un buen puñetazo que se abre camino entre sus costillas, mientras recibes alguna indirecta por la derecha que te hace echarte atrás y cerrar de nuevo tu guardia. Ha sido un buen golpe Dave, el mejor de los pocos que has podido soltar hasta ahora. Estás solo, nadie grita tu nombre porque nadie ha venido a verte, y sin embargo ahí sigues, soportando el dudoso privilegio del temporal que arrecia sobre ti esta vez.

9 meses no es nada

Eras un gran tipo. Obediente de pequeño y licenciado después sin perder el tiempo, como siempre a curso por año. Trabajaste en lo tuyo nada más terminar la carrera y poco después tu mujer encontró al hombre de su vida y te casaste. Tuvisteis 2 hijos que sacaron lo mejor de cada uno, ambos en el colegio con mayor renombre de la zona, pero tus horas de empleado por cuanta ajena no te las quitaba nadie. Tu profesión quizás fuera lo primero y por eso sólo les veías acostarse. Los fines de semana con los suegros y tú llevando el portátil a cuestas. Y así pasaron los años mientras se acumulaban las canas allí donde seguía quedando pelo. Habías hecho ejercicio de chaval y ni bebías ni fumabas ya. Pero bien pasados los cuarenta, cuando el mayor de tus retoños empezaba la secundaria, a la vuelta del verano, te hiciste unas pruebas por una bronquitis que vestía de largo. Un traje bien entallado para una enfermedad avanzada que, tras el diagnóstico, te dio una cuenta atrás de no más de 9 meses de existencia en este maldito mundo. Los mismos que tardaste en venir a él.

Jodida es la vida cuando lo que persigues se diferencia y mucho de lo que consigues. La tuya, una carrera brillante e impoluta bruscamente destrozada por las cosas que pasan en la lotería de la vida. Entonces te replanteaste tu existencia, desde unos hijos que apenas conocías fuera de los resultados escolares, hasta unos padres que habías dejado perdidos en tu olvido por quién tendía ahora tus calzoncillos. Unos ojos, los tuyos, que habías dejado de usar desde bien joven, te mostraban de nuevo la maldita realidad en la que te encontrabas. No sabías si era tarde pero lo intentaste, y en esos 9 meses quisiste recuperar lo perdido en décadas. Una mujer, unos hijos, unos padres y unos hermanos a los que apenas viste en tus ratos libres. Pero ninguno de ellos creía ya en ti, en ese afecto que se congeló con el paso del tiempo que dejaste escapar. Y te sentiste solo porque te encontrabas demasiado lejos de las personas que ahora querías tener cerca. Si descuidas el horno la comida que te alimenta se quema. Tu mujer, tus hijos y el resto de tu familia lamentaban lo ocurrido, pero todos ellos respondían con una reticencia disimulada a tu necesidad imperiosa y repentina de acercamiento. La carne congelada, y más en el crudo invierno, es lo que tiene.

Así que transcurrieron los meses, según lo planeado por los profesionales mejor pagados de tu seguro sanitario, sin conseguir el calor de los que siempre te quisieron tener cerca y nunca te arrimaste. Demasiado les costó aceptar tu lejanía entonces, no se puede freír un huevo en el capó de un coche negro aunque sea verano. Lo que no sé es si te llegaste a arrepentir por ello, nunca lo sabremos. Pero al menos en tu lápida, lo que más resaltó el día de tu entierro, fue la corona de flores de tu empresa con el mensaje de “tus compañeros no te olvidan”. Eso y la fecha de tu defunción esculpida en la misma mientras a ambos lados brotaba una hierba bien frondosa en lo que iba a ser una cálida primavera. Siempre quedarán las fotos en las que aparecías, un recuerdo más como cualquier otro, en las vidas de la gente que aún sigue ahí, asomando sobre la tierra. Sobre la arena cuando llegue el verano y se bañe en la playa no sé.

Fdo.:
Tu único mejor amigo

Su princesa

Querías darlo todo por ese jodido imbécil, un perdido de la mano de dios como otros tantos, y aún así lo intentaste como no está escrito. Qué ciego es el jodido amor… Tú, una chica bien educada, callada y respetable; toda una princesa guapa, joven y lista. Él un pobre desgraciado sin ganas ni futuro. No se puede esperar gran cosa de la vida, bien que lo sabes, pero menos aún de alguien así. Él sobre la vida y sus oportunidades de alguna forma también lo sabía. Quizás esa dinámica en la que estaba metido y probablemente sin salida lo provocaron. Hay caminos vallados y por lo tanto inescrutables, hasta que entras en ellos, a veces sin mayor elección. No hay más ciego que el que no quiere ver, pero quizás en este caso su ceguera vino como defecto de fábrica, manufacturado sin obra ni conciencia. Así le fue después. De todas formas tú eres fuerte, aunque no lo creas, y a ti también te sobran los motivos. Lo intentaste con todo lo que tienes, seguro, y el muy imbécil aún así quiso cambiar cuatro pesetas por un duro. La duda, después de todo, queda en si esto era por menosprecio o sin embargo por incapacidad, pero eso ya depende de cada uno, de las sensaciones que hayan quedado tras la tormenta.

Ahora toca resguardarse y aguantar los coletazos como buenamente se pueda, cuestión de tiempo como siempre. Como nunca. Pero a veces, muy pocas veces, la vida también sorprende gratamente y entonces podrás (y sabrás) engancharte a ella, te conozco y lo sé. Sólo puedo recomendarte, como él lo intentó, que cuando salgas de casa lo hagas sin prejuicios, ni siquiera vergüenza, y que des tu maldita cara sin miedo a las alturas. Porque tú ya eres alta y a muchos les va a costar llegar a tu cima, así que no te cortes y saca lo que llevas dentro con toda confianza. Échalo maldita sea y pon tu foto en el cuaderno, deja las ovejas para conciliar el sueño que a veces te pueda faltar.