Aquel ocho de marzo

Al volver de la escuela Conchi se pintó los labios. Poco antes, tras meter prisa a sus criaturas de 7 y 10 años para terminar con el desayuno, les llevó al colegio con paso de gigantes, a un par de manzanas de distancia y cada uno con su paraguas favorito. Hacía muchos meses que no gastaba de carmín pero aquel día no era otro cualquiera. Sacudió el polvo de su cajita de maquillaje multiusos y se vio asombrada al otro lado del espejo, vestida de la mujer que siempre quiso ser, con las ideas claras.

Con el paso del tiempo y sin pretenderlo, olvidó quién y cómo era ella misma; una infraempleada preocupada por los suyos que perdió su carrera profesional por un amor incauto. Eso pesaba demasiado a sus espaldas. El fracaso de su matrimonio, con dos hijos y una mascota medio gato medio perro de por medio y a su cargo no ayudaba. No ayudaba en absoluto.

Móvil en mano y bufanda violeta al cuello, Conchi cogió el coche con la radio puesta. Recogió a su madre a la salida del Cercanías, ama de casa de toda la vida como muchas otras madres, y atravesó el tráfico de las vías de circunvalación a la villa y corte. Su padre, jubilado por obligación años atrás, sería el encargado de ir a recoger a sus churumbeles a la salida del colegio y entretenerles después entre deberes, cuentos y dibujos animados por supuesto.

Desde que amaneció el cielo andaba cubierto por un manto gris. Conchi quiso meterse en la almendra central de Madrid y así lo hizo, a pesar de la advertencia de la aplicación de tráfico rodado. Aquel día, se sentía con el poder de obviar el transporte público y pasar por encima de cualquiera que quisiera pararlas. Intentó animar a las madres que conocía del colegio, a compañeras de trabajo y alguna de las pocas amigas que le quedaban, pero siendo jueves laboral y teniendo niños a cargo muchas de ellas era difícil. Ninguna otra mujer que ella conociera pudo acompañarla a pesar de ser el día que era, no otro más.

Huelga del 8 de marzo de 2018, día de la mujer trabajadora valga la redundancia. El primero en el que se juntaron miles de hombres y mujeres, sobre todo mujeres, para reivindicar los derechos de igualdad en todas las vertientes en que son amenazadas; discriminación, acoso y violencia. Aquella jornada, desde bien temprano, Madrid y otras muchas ciudades quedaron paralizadas por ellas y, cuando Conchi se filtró entre las masas, desde Atocha a Callao, fue la primera vez en mucho tiempo que no se sentía sola. Alguna lágrima se le escapó como el cielo amenazaba lluvia aquel día, pero de alegría.

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Su princesa

Querías darlo todo por ese jodido imbécil, un perdido de la mano de dios como otros tantos, y aún así lo intentaste como no está escrito. Qué ciego es el jodido amor… Tú, una chica bien educada, callada y respetable; toda una princesa guapa, joven y lista. Él un pobre desgraciado sin ganas ni futuro. No se puede esperar gran cosa de la vida, bien que lo sabes, pero menos aún de alguien así. Él sobre la vida y sus oportunidades de alguna forma también lo sabía. Quizás esa dinámica en la que estaba metido y probablemente sin salida lo provocaron. Hay caminos vallados y por lo tanto inescrutables, hasta que entras en ellos, a veces sin mayor elección. No hay más ciego que el que no quiere ver, pero quizás en este caso su ceguera vino como defecto de fábrica, manufacturado sin obra ni conciencia. Así le fue después. De todas formas tú eres fuerte, aunque no lo creas, y a ti también te sobran los motivos. Lo intentaste con todo lo que tienes, seguro, y el muy imbécil aún así quiso cambiar cuatro pesetas por un duro. La duda, después de todo, queda en si esto era por menosprecio o sin embargo por incapacidad, pero eso ya depende de cada uno, de las sensaciones que hayan quedado tras la tormenta.

Ahora toca resguardarse y aguantar los coletazos como buenamente se pueda, cuestión de tiempo como siempre. Como nunca. Pero a veces, muy pocas veces, la vida también sorprende gratamente y entonces podrás (y sabrás) engancharte a ella, te conozco y lo sé. Sólo puedo recomendarte, como él lo intentó, que cuando salgas de casa lo hagas sin prejuicios, ni siquiera vergüenza, y que des tu maldita cara sin miedo a las alturas. Porque tú ya eres alta y a muchos les va a costar llegar a tu cima, así que no te cortes y saca lo que llevas dentro con toda confianza. Échalo maldita sea y pon tu foto en el cuaderno, deja las ovejas para conciliar el sueño que a veces te pueda faltar.

Las opciones que nos da Wall·E

Si habéis visto Wall·E, una película de Disney-Pixar de hace ya unos cuantos años, y habéis pillado el mensaje que deja para el público adulto, al cual me dirijo, no tengo mucho más que decir. Para los que no, que somos gilipollas, lo explicaré. Y es que va a resultar que las redes sociales, entre otras, van a ser los mejores círculos donde acampar para encontrarte rodeado de lo que a uno le puede interesar. Banalidades varias que condicionan y alimentan nuestro día a día. Vidas las nuestras que se mueven en círculos (y no esferas, cuidado, tan sólo 2 dimensiones) y se concentran entre sí, círculos de los que no salimos dada la comodidad de su “sírvase usted mismo”. Esto viene a ser lo que nos rodea, lo que nos ofrece el buffet libre en el que estamos metidos, y por lo tanto todo lo relevante de lo que disponemos. Al fin y al cabo es lo que tenemos y con lo que podemos contar con sólo estirar el brazo. La marea que nos lleva… Pero esto no es cuestión de tecnología ni de fronteras sino de ceguera. Parches que nos colocamos en los ojos y por lo tanto no somos capaces de ver más allá. Lo de seguir el camino marcado y esas cosas, puedo divagar y perderme con esta tontería, pero no quiero alargarlo demasiado, no soy quien.

Nada de lo que tenemos dura eternamente, el frío tampoco. Ahora viene el invierno, si es que nos había dejado, pero antes o después el viento amainará, saldrá el sol y mejorará la temperatura. Brotarán flores por doquier, hasta de debajo de las piedras, y podrás coger el camino que te plazca dentro del círculo en el que estés metido. Puedes esperar hasta entonces recostado cómodamente en tu sofá, hurgando con cariño tu ombligo y asomándote de vez en cuando a la ventana a ver qué pasa con el tiempo. Nunca llueve a gusto del consumidor, es lo que tiene. Pero si realmente quieres algo ya puedes dejar el móvil y mover el culo. Cuestión de necesidad, pero probablemente haya más opciones, que te despejes con una buena ducha, te abrigues y salgas a buscarlo es una de ellas. No esperes o acomodes demasiado porque lo de Pixar sólo es una película y no todos podremos encontrarnos con un Wall·E que nos abra los malditos ojos.

Si no lo has entendido ponte otra vez la película y apaga el jodido teléfono.

La próxima vez deja la nevera abierta

Fue cuanto menos curioso, y es que ya entrada la primavera la vida de Dave se enfrió hasta congelarse, literal y metafóricamente, porque entonces hizo frío, mucho frío. Terminó la primavera y poco a poco pasaron el verano primero y el otoño después hasta llegar de nuevo el invierno. Pero todo eso ocurrió ahí fuera, al otro lado del grueso cristal del incómodo congelador en el que él se encontraba, donde nada cambiaba desde que sin ser consciente de ello entró en él; tantas fueron las cosas que sin embargo habían mutado que no parecía una maldita nevera sino más bien un pozo, un túnel sin salida ni luz ni máquina de café ni expendedor de tabaco ni cenicero por lo tanto.

Quizás aquel pozo sería el cenicero si Dave fuera una colilla mal apagada como parecía ser. Una nevera sin puertas donde lo más probable que ocurriera es que la pequeña bombilla que aún permanecía encendida se fundiera. Entonces es cuando Dave fue consciente de lo ocurrido y se preguntara “cómo hemos llegado a esto”. Pero no había quien pudiera responderle, ni un eco siquiera que lo repitiera para alargar una estúpida esperanza. No le tocaba más que esperar y acomodarse todo lo que pudiera, buscó algo que enfriara su boca y calentara su gaznate, pero no había ni whisky ni hielo, si quería salir de esa debía tomárselo a palo seco y no el alcohol precisamente.

En cualquier caso, salir de aquel sitio no es tan difícil, pero está claro que depende de la situación de uno mismo, los puntos de vista cambian muchas veces. Desde fuera se ve la puerta, desde dentro no, y Dave desconoce cómo demonios se había metido en esa. En algún momento se le inflarán los cojones y se levantará, Dave tiene un buen genio cuando se le inflan los pies, pero ahora está hibernando, demasiada niebla en su cabeza probablemente como para ver nada claro. Quizás sea por eso, la tenue luz que se refleja en la neblina, que deja entrever lo que no es. Quizás cuando las falsas apariencias se evaporen Dave se levante y tire abajo los muros que le atrapan, quizás cuando la bombilla se funda.

ARREPENTÍOS PECADORES

Agarraos los machos drugos míos, porque estas navidades van a ser las más calentitas. Ya video los titulares del telediario, Ámsterdam devorada por las llamas. Han vuelto los cuatro jinetes del Apocalipsis, mi astral cuerpo luce la cabeza rapada del Ave Fénix, David regresa de munchar y cagar piedras, le provocaremos otro cólico si hace falta. Kike se las ha visto con el mismísimo Padre y por las venas de su brachno Oscar corre la cerveza como purasangre al viento. El espíritu santo está en todos nosotros, colocado hasta las cejas, susurrándonos al uco que hagamos forellas previo pago. Nuestros pasos serán seguidos por miles de fieles y nuestra slovo será slusada en todo el universo. No hay vuelta atrás, un nuevo soviet se instaurará el 16 de diciembre después de snufar al que se hace llamar Jesús. Paralizaremos el juicio final, los culpables serán mutilados hasta la muerte, todo el género humano besará nuestra ruca y nosotros sus grudos, y haremos del infierno el mejor de los paraísos.