Su princesa

Querías darlo todo por ese jodido imbécil, un perdido de la mano de dios como otros tantos, y aún así lo intentaste como no está escrito. Qué ciego es el jodido amor… Tú, una chica bien educada, callada y respetable; toda una princesa guapa, joven y lista. Él un pobre desgraciado sin ganas ni futuro. No se puede esperar gran cosa de la vida, bien que lo sabes, pero menos aún de alguien así. Él sobre la vida y sus oportunidades de alguna forma también lo sabía. Quizás esa dinámica en la que estaba metido y probablemente sin salida lo provocaron. Hay caminos vallados y por lo tanto inescrutables, hasta que entras en ellos, a veces sin mayor elección. No hay más ciego que el que no quiere ver, pero quizás en este caso su ceguera vino como defecto de fábrica, manufacturado sin obra ni conciencia. Así le fue después. De todas formas tú eres fuerte, aunque no lo creas, y a ti también te sobran los motivos. Lo intentaste con todo lo que tienes, seguro, y el muy imbécil aún así quiso cambiar cuatro pesetas por un duro. La duda, después de todo, queda en si esto era por menosprecio o sin embargo por incapacidad, pero eso ya depende de cada uno, de las sensaciones que hayan quedado tras la tormenta.

Ahora toca resguardarse y aguantar los coletazos como buenamente se pueda, cuestión de tiempo como siempre. Como nunca. Pero a veces, muy pocas veces, la vida también sorprende gratamente y entonces podrás (y sabrás) engancharte a ella, te conozco y lo sé. Sólo puedo recomendarte, como él lo intentó, que cuando salgas de casa lo hagas sin prejuicios, ni siquiera vergüenza, y que des tu maldita cara sin miedo a las alturas. Porque tú ya eres alta y a muchos les va a costar llegar a tu cima, así que no te cortes y saca lo que llevas dentro con toda confianza. Échalo maldita sea y pon tu foto en el cuaderno, deja las ovejas para conciliar el sueño que a veces te pueda faltar.

Haciendo eses

él era ese ciego
ella esa muda

él no cerraba la boca
ella tampoco sus oídos

él tenía demasiadas preguntas
ella se reservaba todas las respuestas

él sólo era un pobre demente
ella ataba bien sus cuerdas

él embadurnaba con sopa su barba
ella dejaba su otro brazo bajo la mesa

él escupía su última condena
ella le prestaba su servilleta

él nadaba sobre whisky
ella no sabía tirarse de cabeza

él deseó regalarle algunas flores
ella secó las que tenía

él lamentaba haber visto demasiado
ella quería salir y conocer más mundo

sin embargo ella parecía ser la ciega
porque a los ojos de cualquiera
él era un monstruo
y ella sin duda la bella