Rapsodia Bohemia

El invierno del 76 no fue tan frío como parecía, o al menos para ellos, que quisieron celebrarlo por todo lo alto. La noche empezaba a despertar y aun así pocos habían abandonado aquel apartamento de gente humilde. La música ahora sonaba lenta pero al mismo volumen. Unos cuantos bailaban bien agarrados y Roger no iba a ser menos, sus manos habían recorrido y doblado la longitud de la piel que vestía su chica de esa noche. Brian, inflado de cerveza, jugaba con una moneda de 6 peniques entre sus dedos, tratando de convencer a Chrissie, su mujer, de que aún era pronto para marcharse. John, con su prudencia habitual y media botella de whisky en su estómago, se había retirado horas atrás.

Fred, desde su habitación, oía sonar la canción Nights in White Satin, de los Moody Blues, mientras su amigo le observa repartir la pana con maestría.

—…Y te amo. Sí, te amo… —Canturreaba Steve entre nubes de polvo fino.
—¡Joder, la hostia!
—¡Oh, cómo te amo! —continuó Steve.
—Buah, Esta canción ha envejecido demasiado rápido.
—Pero qué dices, es preciosa.
—Será preciosa, pero también vieja. —La mano de Fred restregó su nariz.
—Vamos, amor, déjame un poco…
—¿Quieres más? —Le escupió en la boca.
—Por favor, cariño, dame un poco de tu blanco satén.

Y el polvo se hizo materia sobre aquel colchón de muelles oxidados. Hasta entonces, todas las rayas que Fred había podido hacer con sus manos no salían de la confección y patronaje. No hacía mucho que lo había descubierto y ya estaba enganchado. Cuestión de innovar y dejarse llevar, como venía haciendo desde hace tiempo por otra parte. Polvos mágicos, tanto como su voz.

Tras un clímax entre galileos, Fred cayó en coma profundo y soñó. Recordó cuando todavía vivía con Mary, cómo aquella mañana del otoño pasado despertó con ella a su lado, en esa misma cama. Entonces, preparó el desayuno con la radio puesta, tarareando mientras escalfaba unos huevos…

Semanas antes terminaron de grabar el último disco. Si bien los anteriores les llevó uno o dos meses de estudio como mucho, éste fueron cerca de cuatro en diferentes estudios del país. ¿El coste de la producción? Desorbitado, más de 35.000 libras en aquellos tiempos. Y el sencillo, que había salido apenas un mes atrás, se comía el polvo. Al principio incluso lo ponían por partes, porque decían ser demasiado largo.

Estaban avisados. Creer ser bueno en lo que haces cuando el resto nada en sentido contrario es jodido. Elton John y David Bowie podían vender lo que les viniera en gana, tenían millones de fans que les comprarían lo que fuese, aunque se tratara de un calzoncillo usado por su ídolo. Y estos cuatro apocalípticos de la reina salidos de la nada, con tres álbumes a sus espaldas, grabados en tiempos muertos de otros grupos y de noche, querían triunfar con un tema imposible. Una canción que duraba cerca de seis minutos, jugando con tres estilos diferentes y sin estribillo. Ganar jugando a los caballos hubiera sido más fácil.

Pero tampoco había mucho que perder, apenas sacaron un penique de los discos anteriores. Ya lo intentaron con algún grupo que no llegó a nada, Smile incluido. Quién sabe lo que depararía el futuro siendo Queen… Fueron osados apostando a caballo ganador. Tardaron más de un mes sólo para grabar aquel tema; la mitad de todo ese tiempo la parte operística, que apenas duraba un minuto escaso. Antes, la canción empieza como balada para terminar después en una orgía de rock celestial. Toda una osadía para la discográfica, la que quiso disuadirlos. Pero ellos creían en ello.

Aquella mañana de finales de noviembre, desayunando él y Mary esos huevos escalfados, sonaba la radio. Entonces, el locutor de Capital Radio anunció el primer puesto. Fred no se lo podía creer. Se levantó corriendo, subió el volumen y, con la mitad de los huevos en la boca, llamó a Brian, a John, a Roger e incluso a Baker, su productor, para que sintonizaran aquella cadena.

Bohemian Rhapsody monopolizó las listas de éxitos británicas, permaneciendo en la cima durante dos meses y una semana.​ Fue el primer sencillo de la historia en estar todo ese tiempo en el primer puesto. Al publicarse su disco “A Night at the Opera”, en diciembre del 75, en seguida subió como la espuma, situándose en el número uno de las listas.

Esa mañana, y todas las mañanas de los años siguientes, no fueron conscientes de hasta dónde Llegarían. Sin pretenderlo o no, quién sabe, sacaron de sus propias manos himnos y bandas sonoras que aún suenan en más de medio mundo.

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I’m going slightly mad

Cada vez que te veo me jodes el sueño, me retuerzo entre las sábanas que se me enredan y me asfixian, me falta el aire y me faltas tú aquí a mi lado. Peleo por dormir con unos ojos como platos y contigo apareciéndote entre cabezada y cabezada. Miro la hora en el despertador y creo que se está quedando conmigo, no puede ser que siempre marque la misma jodida hora. Media vuelta y todo solucionado. Nada. Cuantas más ovejas preparo para el salto olímpico más loco me vuelvo (me vuelves). En vez de eso mejor me iría amaestrando perros lazarillos para no volver a dar palos de ciego. Intento relajarme, agacho los párpados y vacío la mente, soy una rama de bambú, pienso en pastillas para dormir, tilas, valiums, vasos de leche con galletas, troncos, spas, moscas tse tse y qué se yo, parece que la cosa va bien, que por fin engancho el sueño, que de esta no pasa y que entro en el nirvana, que alcanzo el REM con Losing my Religion… Pero poco a poco vuelvo al bar de hace unas horas, con las copas, la música y tu culo rozándome el alma como los gatos se restriegan en los sofás, y a tomar por culo el sueñecito que estaba pillando. Te maldigo, me maldigo y pego otra vuelta, las sábanas me tienen cogido por los huevos, enroscándose a mi cuerpo como una escurridiza serpiente, trepando desde las piernas, y amenazan con estrangular mi cuello. Me susurras algo al oído y se me ponen los pelos de puta, te creo conmigo pero al alargar la mano no estás, otra de esas malas jugadas que haces en mi cabeza, maldito don el tuyo. me levanto a mear y echo un pitillo. Mis vecinos del A vuelven a tener fiesta, o al menos ella parece estar pasándoselo en grande. Regreso a mi lecho, en silencio, cierro los ojos y vuelvo a enredarme, la definitiva. Te juro que la próxima noche te engancho y no te suelto, a ver si las sabanas se atreven con los dos.

When the outside temperature rises
And the meaning is… oh so clear
One thousand and one yellow daffodils
Begin to dance in front of you – oh dear
Are they trying to tell you something?