Directora de arte en Jerry Maguire

Ya es difícil progresar en una oficina siendo madre, pero más aún cuando quien la dirige, ese tal Jerry, es un tipo lejano a la ficción y sin demasiados escrúpulos, divorciado y con amantes sin ser ese exactamente el orden, y sus secuaces unas hienas que besan el suelo que él pisa. Unos personajes ellos que bien podrían haber salido de otra película de esas en las que, como buenos secuaces, sólo responden unos segundos después en función de la de su sicario para darle la razón. Pero allí estaba Renée, una directora de arte capaz de sacar campañas como churros, dibujar bocetos con el pie izquierdo y cagar stands increíbles. Ella empezó en esa empresa antes de que existiera siquiera, cuando Jerry era aprendiz de sicario y empezaba a mover sus hilos con los clientes de otras, y durante muchos años le regaló su tiempo en vez de irse a cocinar sushi a su casa. Pero antes o después Renée conoció a un tipo, se casó con él y estando cerca de que se le pasara el arroz fue madre; eso la hizo feliz y por primera vez en su vida se sintió realizada plenamente.

Pero eso en su trabajo no gustó mucho a los de más arriba, todo el tiempo añadido que durante más de diez años les regaló Renée cerrando ella la oficina ahora ya no podía concedérselo, así que los malos se vieron obligados a mover ficha. Un día más cálido y soleado de lo que viene a ser costumbre en otoño entró a trabajar con ellos Dave, un creativo de pendiente en la ceja que aún así se las daba de bueno y pretendía llegar muy lejos. El caso es que pasados unos meses resultó ser tan bueno en lo suyo como dijo y Jerry le ofreció ser director de arte, el jefe de estudio de la agencia de publicidad para la cual todos sus clientes, independientemente de su inversión, eran tratados como iguales. Y el chaval, recién entrado en la treintena y con ganas de progresar en su carrera profesional, aceptó de sumo agrado sin saber mucho más de la película en la que se había colado.

No pasó más de una semana cuando a Renée le quitaron entonces el coche y el último modelo de teléfono móvil de empresa, las pagas extra y otros tantos beneficios para quedárselo ellos, debido por supuesto a la crisis y no a su reducción de jornada por maternidad. Eso fue tras una reunión que secuaces y sicario tuvieron con ella. Después salió de la sala de juntas y como pudo se sentó en su mesa, en la que al final no pudo contener su rabia, y sus lágrimas brotaron de sendos ojos. No muy lejos quedaba la maquina expendedora de agua fría y caliente hasta la que casualmente fue Dave, el creativo del pendiente en la ceja, cuando, tras llenar el vaso cuidadosamente, la vio llorando ocultándose tras su mesa y se acercó hasta ella para intentar calmarla, arrodillándose a sus pies y diciéndole que él sería el jefe de estudio, sí, pero ella seguiría siendo la directora de arte. Y eso tampoco le gustó a Jerry cuando se enteró.

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Mami quiero ser artista

Era sábado, llevaba todo el día de cervezas y no tenía muchas ganas de irme a casa cuando Rod me ofreció asistir a una fiesta privada. Compramos algo de whisky y más cervezas y allí que fuimos. Aquello no parecía gran cosa, gente sentada tomando algo y un par de chicas guapas. La anfitriona sacó algo de comer, salchichas y brochetas. Afuera había una amplia terraza donde sentarse a gusto y echar un trago pero estaba lloviendo. Cada vez había más comida y más cerveza. Probé el vino. Todos tenían con quien hablar, hasta yo tenía con quien hablar. Me vi rodeado defendiendo el mundo del toreo contra una naturista uruguaya, un tipo que parecía ser su hijo y la novia de este. Sólo una vez en mi vida fui a una corrida de toros y no entendí nada, no sé una mierda de toros, pero no comprendo que haya gente que lo critique y esté en contra de eso que llaman matanza cuando comen huevos y carne de gallinas, cerdos y vacas criados en naves masificadas alimentándose de piensos químicos y anabolizantes sin más vida que la de los barrotes que los rodean. Conseguí que la naturista uruguaya entendiera el mundo del toreo.

Después de eso me pasé al whisky, me senté y, sin quererlo, me vi metido en una conversación entre intelectuales y artistas. La primera era intelectual, cantautora y supuesta novia del hijo de la naturista, llamémosla Uruguay. La segunda era artista, maquilladora profesional en particular y artista aficionada en general, todo un alma creativa, a ella la voy a llamar Mariposa Sonriente. Ellas comían helado de fresas con yogur mientras yo bebía de una botella de J&B que gracias a dios se me había ocurrido llevar. Uruguay, pese a tener novio, tenía aspecto de lesbiana y no parecía incómoda con mi presencia. Uruguay estaba de gira por España e iba a dar unos cuantos conciertos en distintas ciudades. Parecía una mujer de mundo y eso la hacía algo interesante. Mariposa Sonriente decía sentirse artista, pintaba en sus ratos libres y quería irse durante un año a Roma para hacer un curso de escultura. Mariposa Sonriente tenía dos grandes hoyuelos en sus mejillas y su boca no dejaba de sonreír, era todo sonrisas y tetas, era alta y guapa y llevaba un gran escote, era feliz y se le veía en la cara, se lo podías leer de los labios, no paraba de hablar y todo lo que contaba era empalagosamente maravilloso, en su círculo de amistades todos eran artistas vocacionales, escritores, pintores, músicos y cocineros y todos creaban, todos ganaban premios y todos se masturbaban con guantes de seda. Mariposa Sonriente había monopolizado la conversación en torno a sus procesos creativos y a la media hora yo ya había desconectado y me concentraba únicamente en la abertura de su blusa. Eran unas tetas perfectas, generosamente grandes, redondas, juntas y duras.

Había más gente con nosotros, gente que no conocía de nada, y luego estaban la chica que organizaba la fiesta y Rod, que me fue quien me llevó allí. Mariposa Sonriente seguía hablando de sus cosas, del maquillaje, de la escultura, de la pintura y de su novio, yo seguía con lo mío. Entonces me sacaron de mi letargo haciendo una de las peores preguntas que me pueden hacer, Uruguay quería saber a qué me dedicaba. Quise decirles a todos que "contemplar las tetas de Mariposa Sonriente e imaginármela desnuda sobre mi cama" y me dibujé sus caras un segundo después en mi cabeza y me vi saliendo de aquella casa con todas las miradas clavándose en mi nuca. Podía haber dado cientos de respuestas, como proxeneta, catador de pastas dentífricas, sexador de pollos, mecánico agrícola, controlador aéreo, donante de órganos o empacador de aceitunas preñás, pero la boca me pierde.

Yo: Trabajo en publicidad, soy diseñador gráfico.
Mariposa Sonriente: Anda, que guay, para eso hace fata ser muy creativo, muy original y tener mucha imaginación.
Yo: Sí, bueno… supongo.
Uruguay: ¿Y qué haces exactamente?
Yo: Pues… campañas de publicidad, imagen corporativa… esas cosas.
Mariposa Sonriente: Oh, tiene que ser muy bonito…
Yo: En realidad es una mierda, cuando empecé me gustaba, ahora sólo espero cobrar la nómina a final de mes. Al final es un trabajo como otro cualquiera.
Rod: Pues también escribe, es un artista.
Mariposa Sonriente: ¿Y que escribes?
Yo: Nada serio, sólo relatos cortos, lo de artista se me queda demasiado grande.
Mariposa Sonriente: Mi hermano ha hecho un curso sobre como escribir novelas, donde te dan las claves para escribir un cuento, usar las palabras adecuadas y no repetirlas… escribe muy bien.

Silencio. Pensé en cómo se le puede enseñar a alguien cómo expresarse.

Mariposa Sonriente: ¿Y no te has presentado a algún concurso?
Yo: bueno, es sólo una afición, no creo que a ningún jurado le interesen mis historias, no ganaría nada, hay mucho escritor frustrado, yo entre ellos.

Y Mariposa Sonriente, después de otro breve silencio, continuó con sus experiencias creativas felices dado que yo no daba mucho más juego. Luego habló del campo, de la casa que se estaban haciendo ella y su novio, de lo mucho que se querían y cómo se conocieron y todos le prestaban especial atención, sonriendo encantadores, infectados por esa felicidad empalagosa que Mariposa Sonriente contagiaba. Yo seguía sirviéndome copas, yendo de vez en cuando a la cocina a por hielos y pensando como serían esas tetas al natural, sin sostén, moviéndose de arriba abajo, de un lado a otro, chocando entre sí, esa era realmente su única aportación al arte que pudiera interesarme. Entonces entendí que había dos tipos de arte, el de las personas felices por naturaleza que "crean" mierdas bonitas y empalagosas y pretenden hacer del mundo un lugar maravilloso y acabar con el hambre, el sida y la tuberculosis, y el arte que sale de las entrañas, el que huele a sudor y a comida recalentada y a vino, el que a un tipo se le escapa por los poros cuando necesita echar fuera toda la mierda que tiene dentro. Luego, ya en otro nivel, están los locos, los que fuman manzanilla, los que comen hamburguesas de soja porque creen que los cerdos y las vacas están en la misma escala evolutiva que el ser humano y lo considerarían canibalismo, los que adoran al diablo y tienen el apartamento lleno de velas y crucifijos dados la vuelta y practican el sexo con animales, mermelada mediante, y son adictos a los ansiolíticos, que también tienen su arte. El primero jamás conseguirá llamar mi atención, el segundo tiene mi bendición y en el tercero no me meto, no me gusta opinar de lo que se me escapa.

Hasta la fecha he conocido ya unas cuantas personas que hacen sus pinitos, algunos poetas, unos pocos cantautores y algún pintor. Todos ellos en algún momento insistieron en que conociera algo de su obra. Generalmente todo aquel que empieza con estas cosas y se cree bueno, porque todos los que empiezan en esto se lo creen autoproclamándose artistas, te intenta vender su mierda para que le digas que es una mierda maravillosa. Salvo el pintor todos los demás me parecieron basura, incapaces de despertar en mi ningún tipo de interés. Carentes de personalidad y pasión, su mierda no había salido de sus tripas, había salido de un bolígrafo Byc, la mayoría de ellos eran niños pijos con menos vida que la del que sólo sale del barrio para pasear por El Corte Inglés. El arte no es buenas intenciones, una redacción perfecta o un dominio absoluto de las distintas vanguardias, el arte es mierda, y la calidad de la mierda depende de todo lo que hayas mamado antes, de todo lo que hayas peleado, sudado, visto, viajado, conocido, probado, comido, bebido y follado. La mierda de toda esa gente no valdría ni para abonar un campo de malas hierbas, los escarabajos jamás harían pelotillas con ella y las moscas pasarían de largo. El día que tengas el cuerpo lleno de cicatrices, que te hayas cansado de viajar, y el médico te prohíba la sal y el alcohol por problemas de hígado tu mierda será tan buena como la mejor arcilla para hacer algo interesante con ella. Hasta entonces Mariposa Sonriente sólo será un buen polvo y su mierda 95% All-Bran, 5% felicidad mal digerida.

Dave, dos veces casado

Cuando has estado casado y te han jodido todo se ve distinto, tu cara de estúpida felicidad dejó de sonreír pero sigue siendo estúpida. La vida, tu vida, Dave, vale menos que los zapatos que calzas y aún así sigues llorando su pérdida… Ella se fue, te dejó hace muchos años y cada día que pasa tachas un número más en el calendario de tu cabeza. Tienes su dirección y su teléfono pero no sabes nada de ella desde entonces, porque cuando empezabas a marcar su número o llegabas a su calle te echabas siempre para atrás. Es una suerte que no hayas tenido críos con ella, ahora tendrían otro padre que probablemente sería mejor padre y aún mejor amante; y tú, Dave, estarías manteniéndoles a sus diminutas espaldas. Bebes desde que llegas de la oficina hasta que caes inconsciente en el sofá, un día tras otro, y te arrastras después hasta la cama deseando que mientras duermes algún mal diablo se lleve tu alma.

Rara es la noche que consigues cerrar los ojos un par de horas seguidas, pero al final siempre te despierta el mismo pitido del reloj de la mesilla y vuelves a empezar. Hablas con cien personas, doscientas veces al día y todas sus voces te parecen la del inerte monólogo del contestador de tu teléfono cuando lo descuelgas al llegar a casa, con la copa ya en la mano, deseando que sea Ella, y sin embargo el aparato te dice que no tienes ningún maldito mensaje. Quisiste dejar de fumar, Dave… Ahora te los comes de dos en dos y sólo te saben a humo y miseria. Ni siquiera el puto tabaco es lo mismo, como tampoco lo es el whisky de oferta, los trajes de saldo, la comida que ahora tomas enlatada o las mujeres con las que te acuestas. Mujeres con agujeros anónimos llenos de vacío y desesperanza que se abren en tu cama, esperando que las engañes un poco y las susurres cosas bonitas que sabes que nunca volverás a decir.

La vida no está hecha para tipos como tú, Dave, que fracasaron ya al nacer. Lo sabías ya en la escuela, cuando apenas tenías uso de razón, y lo sabes ahora. Eres carne de listas de la Seguridad Social, eres un número esperando en los pasillos a ser llamado, un miope con las gafas rotas, un perro sin hueso, un cayuco a la deriva, un tren de medianoche con destino a ninguna parte. Dave, te has convertido en un autómata, en una marioneta cuyos hilos te ahogan desde siempre, como nunca. Pero Dave, los dos sabemos que eso no es suficiente para acabar con un desgraciado como tú. Ahora estás casado con el whisky, y mientras la tengas siempre habrá alguna esperanza, por mínima que sea…